En nuestro ajetreo histórico “de opción preferencial por los pobres” hemos encontrado un tesoro: la Biblia leída en comunidad y leída en medio de nuestra vida; nuestras redes; nuestros mártires. Dentro del ajetreo  ordinario, ese tesoro está escondido y a la vez tiene un dinamismo transformante. Parece importante que cuidemos el tesoro y que reconozcamos y nos dejemos llevar por su dinamismo. Parece importante que en este tesoro reconozcamos pequeñas y limitadas utopías y alternativas. Parece importante que en esas pequeñas y limitadas, tratemos de reconocer ya, como podamos, las grandes utopías y alternativas que estás anunciadas allí y en crecimiento. ¿Cómo se hace para reconocer todo esto?  Me parece que para esta tarea puede ser importante el corazón. Al menos Jesús dice: “donde está tu tesoro allí está tu corazón”. Si el corazón funciona podrá cuidar el tesoro. Si el corazón se abre podrá reconocer al tesoro en su pequeñez, en su dinamismo y en sus grandes anuncios.

 

Orlando Yorio

Las charlas de Orlando Yorio fueron un modo y actitud de entrar en la realidad, en los conflictos, en las preguntas y en las búsquedas de tantas personas que caminaban con él. Orlando no venía con una respuesta ya hecha, bajada como verdad absoluta; el camino que proponía era ver juntos desde Jesús y su Evangelio y así encontrar las respuestas que traen vida verdadera. Ahora con el libro en las manos tenemos que hacer el camino a la inversa, desde estas “charlas de Orlando” cultivar actitudes de apertura, de búsqueda, de diálogo, de comunidad.

Esteban M. Laxague

Obispo de Viedma, 02/02/2015

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