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EQUIPO DEL BOLETÍN
NUEVA TIERRA


DIRECCIÓN / COLUMNA EDITORIAL
Néstor Borri

COORDINACIÓN
Sebastián Prevotel

PRODUCCIÓN
Carolina Balderrama
Verona Demaestri
Ariel Orazzi

DISEÑO DE VERSIÓN PAPEL Luciana Amado

CIRCULAR SFT
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ADMINISTRACIÓN Y DISTRIBUCIÓN
Marcos Pearson

EDITOR RESPONSABLE
Centro Nueva Tierra

BOLETÍN NUEVA TIERRA N° 172 | Septiembre 2007

Miradas y opiniones de cara a estas elecciones

Del cuarto oscuro
A LA CONTIENDA GRANDE

  • Fotografía: Cooperativa de Fotógrafos Sub
    Foto: Cooperativa de Fotógrafos Sub
  • Las oportunidades y los límites; los escenarios posibles; los desafíos para las organizaciones sociales, los sectores populares y la sociedad Argentina en general.

Preguntamos a diversos referentes de ámbitos sociales, políticos, sindicales y eclesiales acerca de su lectura sobre este año de elecciones y del momento político que significan. Las oportunidades y los límites; los escenarios posibles; los desafíos para las organizaciones sociales, los sectores populares y la sociedad Argentina en general. (*)

Producción: Carolina Balderrama / Verona Demaestri / Ariel Orazzi

Temblores y prioridades

Hugo Yasky / Secretario general de la Central Argentina de Trabajadores

Todavía estamos viviendo la continuidad del movimiento de las capas geológicas del mundo político que significó la crisis del 2001. Todavía siguen existiendo reacomodamientos y resquebrajamientos. Pero aún no se llegan a expresar, desde las diferentes construcciones políticas que presenta el mapa electoral, las demandas de transformación que apuntan a garantizar mayores niveles de justicia social, democratización y recuperación de la autonomía nacional de nuestro país.
Existe una agenda social que tiene como eje una distribución más justa de la riqueza y la recuperación del Estado como instrumento de expresión de las demandas populares como elementos centrales. Como dinámica movilizadora de las organizaciones sociales, tanto la expresada a través de los conflictos sectoriales -protagonizados por organizaciones sindicales vinculadas con el tema de los convenios y los salarios-, como también la de organizaciones sociales que se expresan en cuestiones tan diversas como la defensa del medio ambiente, la defensa de la educación pública, las reivindicaciones concretas de los distintos barrios. Y hay otra sintonía por la que transcurre el discurso de la política electoral y que no siempre tiene puntos de contacto con esta realidad que subyace.
De todas formas, hay resultados electorales que son como temblores que de alguna manera están preanunciando que nuestro pueblo continúa en una búsqueda de transformación social y de profundización de esa transformación social. Por su lado, los factores de poder no logran recuperar la capacidad de establecer el sentido común en su discurso dominante.
La pregunta fundamental es la de cómo construir más allá del resultado electoral las relaciones de fuerza que le permitan al campo popular fortalecer y profundizar la tendencia a avanzar en políticas que tengan como prioridad nacional y como cuestión de Estado una distribución justa de la riqueza y la reformulación de la vinculación que tiene que existir entre crecimiento económico, desarrollo social y mejoramiento de las condiciones de vida real de nuestro pueblo.

 

Nuevos escenarios

Victorio Paulón / Secretario General de la Unión Obrera Metalúrgica Villa Constitución (Santa Fe)

La percepción es que habrá una continuidad del actual gobierno y en lo esencial de su proyecto económico. Se me ocurre que nada cambiará demasiado después de octubre salvo que el poder real logre consolidar posiciones. Más avanzado que esto y con posibilidades no se visualiza nada en el plano electoral. En lo económico, Kirchnner sigue el viejo modelo de los 90, avanzando en materia de empleo y negociación colectiva. Los sectores favorecidos históricamente han tenido en este periodo ganancias extraordinarias y la participación de los asalariados en la renta nacional no ha recuperado posiciones en la medida del crecimiento económico. Dicho de otra manera: el aumento de la productividad sigue superando al crecimiento salarial.
En ese terreno es importante la cuestión de la libertad sindical y prestar atención a las luchas que los trabajadores están librando para modificar la distribución del ingreso en este país. La sensible baja de la desocupación genera un escenario diferente y más favorable para la clase trabajadora frente a sus patrones. Creo en los nuevos escenarios a partir de estos datos y la lucha contra el trabajo precario, en negro, tercerizadas y contratistas. La convencionalización y el registro de los trabajadores adquiere un carácter estratégico. En contra de esto juega la presión oficial sobre los conflictos y la represión como se ha verificado en reiteradas ocasiones.
Después de las elecciones puede haber un intento de pacto social o algo parecido para lo cual nos encontraremos en un escenario nuevo y debemos prepararnos. Creo que es tiempo de construir un programa histórico desde el movimiento obrero que sirva de guía para la acción sindical. Para ello debemos promover un gran debate en el mundo sindical y poner las bases que nos coloquen claramente en un terreno de representación de los intereses colectivos. En esto podemos decir que octubre de 2007 puede ser la recuperación de las demandas del 2001 como fue lo del FRENAPO, la lucha contra la pobreza y la libertad para la sindicalización de los trabajadores.
Debemos preguntarnos si este gobierno sirve al objetivo de avanzar en este sentido o hay que buscar caminos alternativos. Personalmente pienso que la derecha está débil electoralmente pero busca sin cesar construir su alternativa. Profundizar la etapa sin servirles es nuestro desafío. En ese aspecto es fundamental el rol de las organizaciones sociales entre las que está el movimiento sindical. La demanda social para revertir el carácter injusto y regresivo de la distribución de la riqueza y en esa lucha construir nuestra propia herramienta de participación política.

 

Conversaciones

Susana Ramos / Religiosa y educadora. Hermanas Azules (Buenos Aires)

Este es un tiempo en el que nuestras conversaciones están permanentemente atravesadas por el clima electoral. Tanto la propaganda, como los hechos y dichos de los y las candidatos/as ocupan un lugar preponderante y aun a costa de cierta saturación, es necesario, urgente y hasta obligatorio que hablemos.
Estamos más que acostumbrados/as a que se presente a la política como toda ella desvastadota o chatarra, tiene mucha y mala prensa en la mayoría de los casos, por eso es un desafío a acordar y a construir que dejemos de pensar en la política como ese lugar donde depositamos todo lo sucio y corruptible, para darle la bienvenida a la oportunidad de dialogar, discutir, disentir, acordar, articular, decidir.
Si están de campaña los partidos políticos, estemos también de campaña los ciudadanos y ciudadanas, convirtámosla en una ocasión para pensar, nombrar, narrar lo que nos pasa y lo que queremos que pase, porque con nuestras elecciones se juega el modo de construir el proceso democrático. Si desde lo más próximo de nuestras opciones y prácticas somos capaces de romper el círculo vicioso de la queja y el lamento para convertir esa energía en una capacidad creativa, pasando del enraizado uso de sustantivos (objetos independientes de nuestro pensamiento) a los verbos, en una dinámica para la acción que nos implique, movilice y nos haga producir un discurso que nombre las realizaciones que deseamos; le de sentido al camino que vamos recorriendo y al horizonte que vamos diseñando.
Las conversaciones en los diversos espacios en los que nos movemos son un lugar privilegiado para que una nueva subjetividad adquiera carta de ciudadanía. Quedan muchos bordes, geografías humanas en los que el diálogo, las conversaciones siguen siendo muy escasas, y demasiado poco conocidos sus relatos. Por eso democratizar la palabra es una acción de justicia, una invitación ética a sernos prójimos de los y las que están en los márgenes y fronteras.
Los datos de la realidad tanto en la Sociedad como en la Iglesia, sea en las elecciones en las provincias como en el acontecimiento de Aparecida, nos indican que como ciudadanos/as y cristianos/as estamos superando la minoría de edad. Muchos y muchas hemos decidido, pensar, hacer y decir, no solo repetir y acatar.
El nuevo relato por construir es una tarea mística y política tejido con sentido y proyecto, deseos y razones, búsquedas y encuentros, limites y esperanza, rupturas y nuevas configuraciones, requiere una mirada incluyente, una interpretación amplia, una comprensión generosa y un deseo inalterable de construir felicidad pública, porque la promesa de vida en abundancia es para todos y todas.
Las elecciones son una opción por la democracia y es responsabilidad de todos y todas construirla, entonces bien podríamos preguntarnos: ¿Cómo soñamos vivir en democracia? Seguro que tenemos un sueño compartido.

 

Marcar diferencia

Miguel Haag / Sacerdote. Comunidad Salesiana de Victorica ( La Pampa)

Con los partidos políticos "despartidizados" y una transversalidad coyuntural "por conveniencia", se da una buena oportunidad para que las organizaciones sociales construyan poder político real e instalen en el centro de los debates públicos temáticas cruciales pendientes que atraviesan a la sociedad y por ende a las mismas organizaciones. Temas como: Repolitización de la sociedad, representatividad de "los elegidos", distribución de las riquezas, funcionamiento de las instituciones, presupuestos nacionales y coparticipación federal, por citar algunos.
Una afirmación generalizada de cara a las próximas elecciones que escucho en los diferentes grupos o personas con las que me relaciono es la siguiente: "son todos iguales". Las próximas elecciones nos dan la posibilidad de señalar en qué son iguales y por dónde se podría marcar la diferencia, porque la alternancia de "figuritas" no necesariamente representa el cambio de modelo, ni la continuidad de los "representantes" actuales asegura de por sí mayores beneficios al bien común.
Una elección Nacional "que ya está decidida" con las encuestas mediáticas y la compra de los municipios del aparato bonaerense, nos ayuda a tomar conciencia que tan importante como la participación son las convicciones con las que se construyen esas participaciones y nos dan la oportunidad de generar, como alternativas, consensos y acuerdos sobre cuestiones de fondo y no solo coyunturales.
Frente al panorama actual nacional y considerando algunos resultados eleccionarios provinciales, se ven las ventajas que da la incidencia real de lo local cuando se la toma como posibilidad de participación y transformación. El pueblo quiere hechos no sólo palabras. La posibilidad de generar esas acciones desde el propio lugar es concreta y también la oportunidad de exigirlas hacia otros ámbitos más complejos.

 

Sorpresas

Oscar Campana / Profesor de teología. Director de la Revista Vida Pastoral (Buenos Aires)

Suele decirse que, en muchos aspectos, el gobierno de Néstor Kirchner fue una gran sorpresa. Con relación a sus antecedentes -un gobernador del montón- y de lo que había expresado en la campaña previa a su elección -nada-, algunas políticas de su gestión han resultado significativas para amplios sectores de la sociedad que desde hace décadas han visto (hemos visto) postergados algunos de sus (nuestros) anhelos. Otras, no han sido una sorpresa, sino (un poquito) más de lo mismo.
Hoy, Cristina Fernández ocupa las tablas buscando su lugar en la historia, hablando extraños discursos que ocultan más que dicen, y encerrada en su cuidada puesta en escena que alterna algunas fotos con Marcelo Tinelli y otras con Hebe de Bonafini. Lo que haga será, aunque en menor medida, también una sorpresa. Quizás encarne el mejor gobierno de nuestra historia. Quizás no.
La "sorpresa" se ha convertido en una de las categorías estrella de nuestra política. Como si esperáramos la gestión para decir "¿A ver qué hace?". O para exclamar: "¡Mirá lo que hizo!".
Es verdad que algunas cosas pueden deducirse de los antecedentes de los protagonistas. Es verdad también que si la política tiene que ver con la libertad, lo indeducible e inesperado puede ser muchas veces bienvenido. Pero no es menos cierto, en nuestro caso, que las "sorpresas" son directamente proporcionales a nuestra escasa calidad institucional. Y no digo esto último escandalizado por alguna mano en la lata -o en la bolsa-, sino creyendo que alguna relación debe existir, por ejemplo, entre esa baja calidad institucional y el mantenimiento de la regresividad en la distribución del ingreso, lo que a mi gusto es una de las mayores corrupciones.
Creo, por otra parte, que la tan mentada "baja calidad institucional" no es consecuencia sólo de un gobierno, sino de toda una sociedad, que en nuestro caso oscila entre el anárquico "que se vayan todos" y el conservador mantenimiento de cacicazgos municipales y/o provinciales de la peor calaña.
Sin lugar a dudas, hay signos que hablan de una sociedad civil más madura y de organizaciones sociales que dan cuenta de una fortaleza inédita. Pero ¿es suficiente? Ya escuché, en los '90, el discurso del fin de la política y del auge de los "movimientos sociales". En la medida en que las organizaciones sociales sigan siendo la "no" política o el "por afuera de" la política, o se refugien en la (fácil) condena a la política o caigan bajo las garras del clientelismo, las sorpresas seguirán siendo nuestro tema de conversación.

 

Historia colectiva

Ezequiel Silva / Laico. Teólogo. (Buenos Aires)

El ejercicio democrático del voto popular es una expresión privilegiada -precaria aún y por madurar, pero real al fin- de las posibilidades que el Dios de la vida ha puesto en nuestras manos para tejer nuestra historia colectiva. En esta ocasión parece oportuno y exigible, un reclamo de novedad histórico-política en los proyectos de los candidatos. Luego de la "década perdida" de los ochenta y de la brutalidad depredadora del neoliberalismo de los noventa, es esperable una profundización y maduración de la figura democrática actual.
Los proyectos de los candidatos deberían contemplar dos temas centrales, uno hacia dentro y otro hacia fuera. En el primero caso, la cuestión que reclama con urgencia la creatividad y el servicio del estado es la redistribución de la riqueza. Desde el corazón de Dios Padre-Madre sabemos que los bienes de la tierra son para disfrute de todos. La actual macroblasfemia de nuestro tiempo es la escandalosa pobreza que atenta radicalmente contra la dignidad de los preferidos de Dios. Nuestro país es ejemplo de ello. Se trata de una pobreza no natural, consecuencia del enriquecimiento impúdico, desmedido y antifraterno de algunos. En este sentido es necesaria una propuesta que contemple el protagonismo del Estado, dejando atrás su caricatura paternalista y su consecuente perversión clientelista, que esté al servicio de los pobres. El tema de la redistribución de la riqueza deberá articularse con la institucionalización político-participativa de los pobres. Hay que redistribuir la riqueza, pero ¿quiénes determinan su distribución? ¿los diputados y senadores que responden a los grupos de poder? ¿o finalmente encauzaremos a nivel político-institucional la esperanza de los pobres? Por eso, redistribución de la riqueza y redistribución del poder van de la mano. La dinámica democrática de la descentralización del poder implica su popularización. Los pobres están llamados a ser sujetos políticos, no "objetos de la política". Esto es parte de su dignidad de hijos de Dios.
El segundo tema, hacia fuera, es el proceso de integración latinoamericana. ¿Cómo avanzar más allá de la integración económica -en lo cultural, lo político, lo social- sin subsumir ninguna identidad nacional en otra, sino más bien promoviendo la riqueza cultural de los pueblos? La comunión en la diversidad como don de la identidad trinitaria debe orientar la geopolítica de integración de América Latina y el Caribe.

 

Paradojas

Silvia herrera / INCUPO (Reconquista, Santa Fe)

Toda elección genera movimientos, por la expectativa que generan y por las campañas de los candidatos, esta no escapa de los parámetros normales. Dependiendo del grado de compromiso y organización que se tenga, estos movimientos canalizan oportunidades o quedan en simples acciones electorales. Como siempre, habilitan a dar opiniones, a generar espacios de debate entre las distintas organizaciones, a discutir y a pensar propuestas alternativas. Nos posibilitan para buscar un cambio.
Paradójicamente en la forma en que se están dando las campañas electorales a niveles provinciales, y principalmente en el norte, todo lo que una elección te da como posibilidad es a la vez un bloqueo, porque quienes son los candidatos disfrazan la participación con oportunismos y las construcciones con dádivas y en la mayoría de los casos  bloquean la posibilidad de generar cambios profundos.
No creo que el voto marque un antes y un después en el escenario. Creo que para impactar el trabajo es pequeño, en escala y a largo aliento. Hay necesidad de mirada crítica.

 

Más allá del voto

Mabel Gabarra / INDESO Mujer (Rosario, Santa Fe)

Creemos que las próximas elecciones nacionales no auguran cambios significativos en lo económico, lo político y lo social. Más allá del cambio importante que significaría el hecho que una mujer sea elegida como presidenta, sabemos también que este gobierno, como el que vendrá, si bien han tomado algunas medidas importantes en lo que se refiere a las reivindicaciones de los movimientos de mujeres, no se han pronunciado sustantivamente sobre las mismas hasta el momento en la campaña electoral. Creo que el bloqueo de posibilidades no viene exclusivamente de quienes serán elegidos sino de la oposición de la derecha y de la fuerza de quienes luchamos por esos cambios, que todavía no alcanzan para una movilización que los haga posibles.
Una de las principales cuestiones que tienen que ver con la profundización de la democracia es trabajar por una participación que vaya más allá del voto, potenciar todas aquellas instancias que significan una superación de la democracia representativa, tales como las mencionadas anteriormente, el presupuesto participativo y las instancias de participaciones de las organizaciones sociales en espacios nacionales y regionales, que signifiquen una cuota de decisión, y no simplemente la consulta para legitimar las decisiones tomadas por los/las representantes.
Las preguntas que hay que hacerse tienen que ver con qué decisiones pueden tomar quienes resulten electos, que impliquen un avance en el proceso de profundización de la democracia, de mayor participación en la distribución de la riqueza, donde se vayan eliminando la pobreza y las discriminación de todo tipo, aumentando el empleo, mejorando la educación, y el cuidado del medio ambiente, en definitiva la calidad de vida de la sociedad. Y que avancen en la autonomía respecto a los dueños del poder económico y de la Iglesia, en el ámbito nacional y en el regional. ¿Podremos votar a alguien si nos hacemos estas preguntas?
La construcción de poder de los sectores populares creemos que va por otro carril, que poco tienen que ver con la buena o mala calidad de las políticas sociales impulsadas por los gobiernos, incluido el actual, sino con las alternativas que vayan surgiendo desde los movimientos sociales, que aumenten su poder de convocatoria, de incidencia y de articulación.

 

Fuera de agenda

Cristian Arroyo / Grupo Sur / Movimiento Evita (Mar del Plata)

A nivel nacional, se presenta la posibilidad de continuar y profundizar el proceso que se inició en el 2003. Estamos hablando de continuidad del proyecto de autonomía nacional con visión latinoamericanista, de confrontación con el poder financiero, de construcción de un proyecto productivo, de la inclusión de millones de trabajadores. Lo que queda por profundizar es claramente la distribución del ingreso y la renovación de la política.
Frente a este modelo existe una oposición que expresa la vuelta al pasado pero que no puede presentar a la sociedad sus proyectos. El retorno al neoliberalismo está fuera de la agenda. No hay herramientas ni espacio desde la oposición para platearlo. Lo que no quiere decir que siga siendo el proyecto de máxima de la derecha vernácula.
Lo que sí está en agenda es la profundización de un modelo, la distribución de la riqueza, la calidad institucional. Por lo menos son temas que pueden ser discutidos.
De acá en más se abre la posibilidad de discutir cuestiones estratégicas sobre la base común de un proyecto nacional productivo y con inclusión social.
En la provincia de Buenos Aires las organizaciones sociales hemos perdido protagonismo con respecto a la elección anterior. Sin embargo, a nivel nacional hay muchas organizaciones que somos parte del proyecto nacional en marcha y en las provincias son justamente las organizaciones sociales las que resisten la continuidad de las viejas estructuras. Claramente expresan la novedad, aunque falte elaborar un discurso y un actor colectivo capaz de ser alternativa al poder establecido.
También es cierto que en las grandes ciudades la identidad de las organizaciones sociales como capital político es menor ahora que hace unos años, justamente porque ahora está habiendo un cambio en la naturaleza de los conflictos. Estos tienen que ver más con lo gremial, con la distribución del ingreso a partir del salario.

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