Matrimonio
igualitario:
Tiempo nupcial
para la libertad
y los derechos

 

También:

Sexualidad, Iglesia
y  poder:
¿Qué hay ahí?

Sumario

3. editorial

De ensanches y angostes

4. iglesia latinoamericana | 30 años del martirio de Mons. Romero

Transformación, decisión y entrega | POR JON SOBRINO

9. testimonios | Recordando a Orlando Yorio

Experimentar el placer de la vida

iglesia, sexualidad y poder

10. carta abierta a los obispos católicos del mundo

Cuestiones estructurales y desafíos pendientes | POR HANS KÜNG

14. razones de la crisis

La lógica del poder absoluto | POR PABLO BONAVÍA

15. dogma, estructuras y perversión

Pedofilia y poder sagrado | POR PABLO RICHARD

17. sociedad | impacto y desafíos de las políticas sociales

¿Qué asigna la Asignación Universal por Hijo? | RAQUEL CASTRONOVO

21. sociedad | construcciones políticas y acción colectiva

Kioscos, guetos y corrales (parte 1) | POR COLECTIVO CIUDADANÍA

24. cultura y religión | dimensión religiosa de la expresión artística

Tensión entre estilo y contenido| POR SANTIAGO RODRIGUEZ MANCINI

¿dios quiere el matrimonio igualitario?

26. pronunciamiento de centro nueva tierra

Cristianismo sí, homofobia no

27. entrevista a marcelo márquez

”La Iglesia tiene un alto grado de homofobia”

32. declaración del grupo de sacerdotes “enrique angelelli”

| POR PBRO. NICOLÁS ALESSIO

33. pronunciamiento de “espacio ecuménico”

35. declaración de la iglesia metodista en argentina

Sobre la Ley de matrimonio entre personas del mismo sexto

| POR PASTOR FRANK DE NULLY BROWN

36. américa latina más acá | políticas públicas e integración regional

”Debemos trabajar por una integración con contenido popular”

| POR OSCAR LABORDE

39. sociedad | bicentenario

Ideas, claves y preguntas para pensar el actual momento histórico

| POR RICARDO E. GERARDI

42. iglesia argentina | la relación iglesia y estado

¿Religión oficial? La preponderancia católica en la legislación nacional

y provincial | POR JUAN CRUZ ESQUIVEL

46. Materiales

 

EDITORIAL

“De ensanches y angostes”

La democracia se va ensanchando. Desde el segundo semestre del año pasado, luego de la publicación de nuestro último número, hemos podido constatar avances profundos, concretos, visibles, que direccionan el futuro y el presente de nuestra vida de todos los días. Avances que son ensanches, y ensanches que están llamados a avanzar aún más. Son tres las señales de ensanches que queremos destacar las que nos invitan a enmarcar de un modo propicio y preciso la celebración del Bicentenario. La Ley de Medios de Comunicación Audiovisual ha posibilitado el ensanchamiento de las posibilidades de participación plural en el campo comunicacional. La Asignación Universal por Hijo ha ensanchado los derechos de los trabajadores y trabajadoras y de sus hijos, con impacto inmediato en lo económico, pero también en salud y educación. Por último, y como hito más reciente, la Ley de Matrimonio Igualitario ha ensanchado los derechos de ciudadanía de millones de personas del colectivo LGBT con la posibilidad del acceso al matrimonio civil.

Al tiempo que la democracia se ensancha, pareciera que también se da un movimiento inversamente proporcional en sectores y espacios poco acostumbrados a la vida democrática. La acción pública y política que la Iglesia Católica y sectores no ecuménicos del evangelismo pentecostal han desplegado en los últimos tiempos dan cuenta de esta contracción o angostamiento, que quizá sea también un franco “agotamiento”.

De marzo de 2008 hacia delante son también tres las señales que dan cuenta de este fenómeno que padece la Iglesia Católica. La primera señal de a(n)go(s)tamiento ha sido el fallido intento de intervenir sin ser llamada en la mediación del conflicto que se desató entre el empresariado agroexportador y el gobierno nacional. La Iglesia Católica quedó al margen por aquel entonces, y fueron las instituciones democráticas quienes se ocuparon de mediar los conflictos –valga la redundacia, y valga mucho- democráticamente. La segunda señal más evidente es de abril de este año: el “documentus interruptus” sobre la pobreza que el presidente de la comisión de Pastoral Social se empeñó en que firmaran diversos sectores sociales, políticos y económicos. El “think tank” del “Foro de Habitantes a Ciudadanos”, de la Conferencia Episcopal, creyó posible que diversos sectores banqueros, empresarios y sindicales se unieran a una voz para declarar, entre otras cosas, la “emergencia nacional” de cara a la eliminación de la pobreza. Con más ética que política, el obispo vió en su bucólica “ingenuidad” una de las causas fundamentales del fracaso.

La tercera y última señal se verificó, como postal de tiempos perimidos, en torno a las discusiones e intervenciones que acontecieron antes de la sanción de la ley del matrimonio igualitario. La jerarquía eclesiástica se autoconvenció tal vez que con “la sola camiseta” ganaba el partido, que con su solo nombre, su nivel general de confianza en la opinión pública, la inercia histórica de la cultura católica y sus (supuestos) niveles de penetración en la conciencia ciudadana eran suficientes para echar por tierra una iniciativa “del demonio” que habría que enfrentar, en tristes palabras, como una “guerra de Dios”. El recurso al vocabulario belicista, a la polarización de la opinión pública, al denostamiento, agravio e insulto a la comunidad LGBT, a ignorar los mecanismos de participación democrática y a tensar las movilizaciones y convocatorias públicas por la cuerda del fanatismo reaccionario y dogmatizante no fueron suficientes. No hubo reflejos hacia dentro de la institución ni lucidez para no quedar tan en “off side”. Y por varios metros. Pues la Iglesia Católica tomó parte en el debate público con poquísimo capital simbólico acumulado. Otros dos sucesos de los últimos tiempos más bien habían hipotecado el nivel de confianza de la institución frente a la opinión pública y su capacidad de legitimar sus propuestas de cara a la sociedad. Tanto la masiva publicidad que cobraron el sinnúmero de casos de pedofilia hacia dentro de la institución como los guiños personales hacia el neoliberalismo y sus personajes nefastos hicieron que la Iglesia saliera a la arena pública a disputar la Ley de Matrimonio Igualitario “uno a cero abajo”.

Como cristianos en la huella del evangelio de Jesús y el reino celebramos este marco del Bicentenario, estas tres señales de ensanche de la vida democrática. En la medida en que la vida democrática y los niveles de conciencia ciudadana sobre lo público crezcan, los poderes fácticos de todo tipo –y de todo tipo de iglesias y monseñores- verán disminuidas su capacidad de intervención para acumular para sus intereses corporativos.

Celebrar el Bicentenario es sentirnos invitados a profundizar los ensanches y los angostes que se precisan para seguir construyendo democráticamente un país para todos y todas.