En los últimos tiempos han circulado muchas opiniones sobre esta cuestión que enunciamos como título. ¿Qué significa ser cristiano? ¿Qué implica y qué excluye? ¿Cuál es el alcance normativo de la Biblia y en qué medida afecta la mirada cristiana de la homosexualidad? Va un punteo para el debate.

1. “Ser cristiano” es más que creer en Jesús como el Cristo de Dios. Desde una perspectiva bíblica habría que traducir el creer por el seguir. Creer en Jesús es seguirlo, y es un dato de la realidad que hay varios modos de hacerlo. Por tanto la mera confesión al decir “creo que Jesús es el Cristo, Hijo de Dios” dice poco. Se necesita explicitar precomprensiones sobre Cristo y sobre el Hijo de Dios. Y eso es objeto de interpretación y disputa histórica. Por tanto, como sucede casi en todos los temas, ¿quién/es y en virtud de qué/quién/es puede afirmar taxativamente y con ultimidad un juicio sobre la homosexualidad en nombre del “ser cristiano”? Habrá que aclarar estas precomprensiones mencionadas para ubicar el discurso, captar su impostación…

2. La visión de la Biblia como “manual” a modo de respuestas para preguntas que nos plantea la existencia del ser humano contemporáneo en sociedades democráticas es infantilizante. La Biblia es primero la narración y luego la puesta por escrito de una experiencia liberadora: el Dios que sale al encuentro del hombre para la plenitud de su vida y felicidad. Lo que teológicamente llamamos salvación. Esa es LA clave para interpretar la Biblia. Desde el deseo de Dios de compartir la felicidad con sus criaturas. Esto vale desde el Antiguo Testamento y toma carnadura histórica profunda en Jesús de Nazaret, en el Nuevo Testamento. ¿Desde qué perspectiva interpretan o leen las sagradas escrituras los cristianismos que ponen argumentos condenatorios para la homosexualidad?

3. La Biblia, por tanto, parece no ser tan clara en realidad. Por una parte no se puede leer y reproducir literalmente, eso sería fundamentalismo (que lo hay, lo hay). Estamos invitados a interpretarla. Por otra parte, de hecho se han producido diversas interpretaciones que han devenido en la conformación de confesiones cristianas o Iglesias diversas… y divididas ¡y hasta peleadas! Por tanto si hay algo evidente es que la Biblia no es evidente de por sí y mucho menos un manual. ¿Qué intereses hay por detrás o por delante o a los lados de determinadas interpretaciones de la Biblia?

4. Hay dos textos “clásicos” que suelen reproducirse en contra de la homosexualidad. El primero es Romanos 1, 27: “Del mismo modo, los hombres, dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío”. La lectura que suele hacerse de este pasaje es bien sesgada. Primero, recordamos que todo texto hay que leerlo en contexto. En este caso el contexto previo y el que le sigue (es una unidad literaria que bien podría enmarcarse entre Rom 1,18 y 1,32) tiene como objetivo fundamental indicar que todos los hombres, sin excepción están bajo la ira de Dios en virtud del pecado. Es lo que se llama la universalidad del pecado. Pero por supuesto que a esta universalidad del pecado Pablo la pone al principio de la carta a los Romanos para indicar algo que le sigue y en función de lo cual la coloca en ese lugar: ¡La universalidad de la salvación! Aparecen otras categorías de pecados en el texto: los desleales, los rebeldes a sus padres, los detractores, y muchos más. A todos ellos, y a otros también, según Pablo Dios los declara “dignos de muerte” (Rom 1, 32). Pero lo importante no es el detalle de la lista de pecados, sino el sentido este de que todos los hombres están afectados por el pecado: TODOS/AS. Sin embargo, como observamos antes, tampoco ese es el dato fundamental. Ese dato es el sustrato existencial/antropológico/creacional que da sentido al dato teológico que se anuncia en Romanos: la UNIVERSALIDAD (PARA TODOS/AS) de la salvación, sobre todo a partir de Rom 3, 21. Ese es el centro del mensaje de Romanos. Que la salvación es para todos, viene por Jesucristo y se da en la fe en él. Punto. El resto corre por cuenta de lecturas literalistas y/o escrupulosas.

5. El segundo texto es 1 Cor 6,9: “¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos”. Luego sigue el texto “ni los ladrones, ni los avaros”, y un largo etcétera. Este versículo bíblico suele citarse suelto también, desgarrado del contexto. El texto completo sigue así (versículo 11 sobre todo), luego de la lista continúa de este modo: “algunos de ustedes fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios”. Lo fundamental de esa lista de “pecadores” no es tanto el tipo de pecados y el detalle de los mismos que han cometido. Ellos son más bien, una paráfrasis de “los injustos” (recordar la pregunta que abre el texto: el versículo 9). El texto termina diciendo que Dios a los injustos los santificó; “los justificó” dice, los hizo justos. Eso es lo central del texto. La misericordia de Dios que hace justifica, que salva.

La Biblia no es ni un manual de cosmología (la teoría del big bang deslegitimó la creación en 6 días), ni de antropología (sabemos que no hubo una única pareja primordial llamados Adán y Eva ni que su origen fue el barro), ni nada por el estilo. Es un libro religioso que no puede utilizarse al pie de la letra para rebatir argumentos propios del campo de la psicología y la sexualidad, campos del conocimiento en los que hemos avanzado muchísimo en estos últimos 2000 años.

No se puede, entonces, interpretar literalmente la Biblia, sino ¿cómo explicar “si tu mano derecha es ocasión de pecado córtatela y arrójala de ti” (Mt 5, 30)? ¿Y acaso la permisión de Dios a Abraham a tener un hijo con su esclava puede leerse como una legitimación y ponderación positiva de los hijos extramaritales? ¿O de la infidelidad consentida?

Del mismo modo es importante encarnar la discusión, historizarla corriéndola de la abstracción. Es decir, la HOMOSEXUALIDAD no existe. Existen PERSONAS homosexuales en tal caso. Una mirada cristiana está desafiada a tener una perspectiva desde la persona. Y por último, como ampliación de la cuestión de la perspectiva, se trata de un tema que toca las relaciones Religión/Estado o Iglesia(s)/Estado. Por lo tanto hay que ir de una perspectiva de persona a otra de ciudadano. Las políticas públicas no pueden legitimarse en convicciones religiosas sino desde la razón y en perspectiva de derechos humanos.