Elegir decidir:
celebración del camino
exigencias de la igualdad
y desafíos próximos 

Desde el Centro Nueva Tierra consideramos un desafío la etapa que se abre a partir de las últimas elecciones presidenciales. Celebramos la participación masiva que contrastó con los pronósticos de apatía y desencanto promovidos desde distintos lugares. Un voto de todos al fortalecimiento de la democracia.

Los resultados del 23 de octubre consolidan un escenario fruto de la movilización de los límites de lo posible y lo esperable en estas tierras. Nuestro pueblo se ha expresado de manera contundente y compleja como en todo el proceso electoral federal desde marzo de este año. También y sobre todo, más allá de las urnas.

Las manifestaciones que hemos atestiguado –en los resultados y en las plazas de todo el país– conceden legitimidad y autonomía para la continuidad de la gestión de gobierno en curso, pero también condicionan y dan cuerpo a unas exigencias concretas para el sentido de las políticas públicas y las tomas de posición del Estado en los próximos cuatro años.

Estamos desafiados, en todos los planos, a ponerle nombre, contenido y calidad a la profundización del proceso de inclusión en marcha. El carácter popular del proyecto asumido y de las políticas estatales se relaciona directamente con esa tarea y no es algo garantizado: estará fuertemente en disputa y dependerá de la fuerza que se construya para exigirlo, sostenerlo y, llegado el caso, defenderlo.

Este momento que los argentinos como conjunto supimos conseguir (con distintos niveles y formas de implicación, a favor o en contra, desde el involucramiento o la indiferencia) crea responsabilidades colectivas para la definición de los rumbos del país y el día a día de las mayorías.  Se afirma un trayecto perfilado con la resolución del conflicto con las entidades de la patronal agropecuaria en el año 2008.

Los triunfos electorales de los oficialismos en lo local y lo nacional dicen algo de los deseos, las luchas cotidianas y la maduración política de nuestra sociedad a diez años de la peor crisis de su historia. Una expresión tan contradictoria y parcial como real y esperanzadora que debe ser escuchada.

El camino recorrido da cuenta de que las ideas para pensar la realidad y actuar en ella ya no pueden ser las mismas: Comprender, construir y realizar concreciones en el momento actual demanda una nueva mirada, a la altura de las circunstancias, para todos los actores.

El ciclo que estamos viviendo, los logros alcanzados y el lugar que hoy ocupa la puja distributiva en la agenda pública, invitan a preguntarnos por lo que el teólogo latinoamericano Gustavo Gutiérrez llama la fuerza histórica de los pobres. Los cristianos comprometidos con la transformación social, todos aquellos con vocación de trabajo por una vida más digna, tenemos hoy una oportunidad y una tarea pendiente: festejar debidamente e interrogar con crudeza el significado de  la opción de los pobres en tanto ciudadanos y protagonistas de la democracia en Argentina y América Latina. La alegría, el llanto, los anhelos de los sectores populares encuentran otra vez las mediaciones colectivas, perfectibles, limitadas, humanas, para ser palabra pública.

Los poderes fácticos quedaron a la vista en estos tiempos. En la mayoría de los casos lejos del sentir popular, reaccionando contra los avances de la igualdad y los derechos. Las estructuras de la Iglesia Católica han tenido en más de una oportunidad un papel cercano a los privilegios de unos pocos. El replanteo de la relación de la Iglesia con el Estado es un eje fundamental para que las banderas del diálogo y la paz social jueguen a favor de los más pobres y no en su contra promoviendo el status quo de la injusticia.

La igualdad que canta y molesta, la impunidad y el miedo que aflojan, la justicia abriéndose paso, la inequidad que aún duele, los sueños de las mayorías y la certeza de lo que falta, reclaman coraje y valentía.

En todo el país, hombres y mujeres, desde una fe plural en Jesús y un compromiso esperanzado con la justicia social, están aportando ya a este proceso de búsqueda de mayor inclusión. A todos, los animamos y los acompañamos para seguir abriendo caminos con la serenidad de poder ver lejos y más allá. Arriesgando lo propio para ir por más. Porque cuando la historia invita, es tiempo de apuestas.

Centro Nueva Tierra

Argentina, octubre de 2011