Aporte de Raquel Castronovo en el marco de la jornada de debate y reflexión realizada por el Centro Nueva Tierra en mayo, titulada: Asignación Universal por Hijo y políticas sociales en la etapa actual: impacto, llegada y desafíos.

Una lectura histórica

Sin duda la Asignación Universal por Hijo para Protección Social (AUHPS) es un momento de ruptura altamente significativo en las políticas sociales. Tal vez porque ha sido muy idealizada, ansiada, esperada por muchos. También cargada de sentido y de expectativas. Además porque, sin duda, cuando las cosas suceden en la realidad, bajan las idealizaciones y uno ve las contradicciones en las cosas. Se asusta tal vez por las dificultades, o los defectos, que cuando uno implementa las acciones se ven y lo implementado deja de ser tan perfecto como en el marco conceptual.

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Casi todas las políticas sociales del Estado de Bienestar, estuvieron directamente o indirectamente vinculadas, en todo el mundo, y también en nuestro país, a nuestro rol como trabajadores en la sociedad y al trabajo como organizador de la sociedad en general. De hecho, hay una estimación para el año 2009 de una asociación internacional que dice que para el 2009 había 94 naciones en el mundo que tenían sistema de AUHPS. Es decir, no inventamos la pólvora.

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El neoliberalismo trajo dos fuertes consecuencias muy impactantes, que afectaron directamente a los ciudadanos y que involucran la percepción que se hace desde la AUHPS. Por un lado, generó una alteración en la condición del trabajo. El Estado dejó, por ejemplo, de regular la relación capital-trabajo, y en consecuencia se perdió, en buena parte, el trabajo regulado –que implicaba el trabajo registrado, en blanco, con derecho a tener las protecciones sociales, entre otras la AUHPS–. Pero al mismo tiempo, hubo un clarísimo desequilibrio –que muchos relacionan con una multiplicidad o una concurrencia múltiple de factores, pero que en realidad también tiene clara relación con la falta de regulación del Estado– que fue el desequilibrio del mercado de trabajo: la desocupación o la subocupación.

Diferentes vaivenes nos muestran que, en realidad, lo que sucede ahora debe ser inscripto en una lectura histórica que explica de alguna manera el sentido de la AUHPS.

De qué se trata

El texto del decreto que instituyó la AUHPS en el 2009, habla claramente de la extensión a los trabajadores que no tienen trabajo registrado –pero que son trabajadores– de un derecho de los trabajadores registrados. La AUHPS está univerzalizando un derecho que históricamente estuvo restringido a los trabajadores registrados.

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El nombre de la Asignación Universal por Hijo para Protección Social no es un dato menor:

  • Es primero una asignación no un beneficio. Esto es fundamental. No es un beneficio porque en realidad no se inscribe dentro de la lógica de la ayuda, sino dentro de la lógica del derecho.
  • Universal porque universaliza el derecho de todos los niños a tenerlo, independientemente de la condición laboral de sus padres.
  • Además la denominación incluye el término protección social, porque está reconociendo explícitamente la centralidad del Estado en la protección del los derechos.

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El concepto de ciudadanía es central en la discusión sobre la AUHPS. […] Muchas discusiones van en la línea de reconocer que el Estado debe garantizar un ingreso mínimo a todos los ciudadanos –no solamente a los niños– para que tengan garantizada su vida. Independientemente de su trabajo, su participación en el mercado o en el modo de producción.

Debate sobre el origen de los ingresos

La asociación estrecha entre ingreso y trabajo, y la idea de que la dignidad del ingreso está ligada a que provenga del trabajo, es fundante en nuestra cultura contemporánea.

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Seguramente ustedes saben que hay un debate muy fuerte que está aún sin saldar, en donde hay toda una línea de pensadores y cientistas sociales que dicen que lo que dignifica es el salario, la posibilidad de uno de satisfacer dignamente sus necesidades y las de su familia; y que la dignidad del ser humano está en esa libertad básica de no tener que depender de nadie para poder asegurar la existencia de la familia. Y hay otra línea que complejiza el análisis y que plantea que el trabajo no es únicamente un medio para asegurar el ingreso, sino que el trabajo es –en la sociedad contemporánea y tal como están dadas las cosas– un dador de identidad, un integrador social y un medio que nos permite existir simbólicamente para nuestros pares. […] Ese reconocimiento por nuestro trabajo, nos otorga una existencia simbólica dentro de la trama de las relaciones sociales. Nos dignifica y nos hace parte de esta comunidad a la que pertenecemos.

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Sin duda, en la sociedad contemporánea, uno no podría decir que todo trabajo dignifica. Debería estar fuera de discusión que lo que dignifica es el derecho básico a existir, a sobrevivir, satisfaciendo las necesidades mínimas de la familia.

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Pero también hay que reconocer que el trabajo es, en nuestra cultura contemporánea y en el tipo de sociedad que hemos construido, un valor, una oportunidad de realización, un medio, un puente, un vehículo, para establecer relaciones sociales ricas, relaciones sociales en las que nos podemos desarrollar como sujetos

Trabajo, trabajadores y los límites de la cobertura

La política social que hoy tenemos en nuestro país ha tomado posición por el trabajo como condición de integración social imprescindible. […]

Por un lado, remontando la desregulación, es decir, volviendo a regular. […] Por otro lado, creando trabajo. Y esto es sumamente importante, porque no solamente a través de intervenir en la economía el Estado crea trabajo; sino que el Estado, con sus más y sus menos, con sus vaivenes, con sus éxitos y fracasos, ha desarrollado en nuestro país una política de estímulo de economía social.

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En esto queda evidenciado que la política social, sin abandonar su techo de protección social y su objetivo de recuperar la centralidad del Estado en la garantía de los derechos ciudadanos, ha apostado a vitalizar y fortalecer nuestro rol de trabajadores. Es decir, que todos tengamos la oportunidad de trabajar.

Entonces, en ese marco, la forma en que se aplica la protección social desde esta perspectiva de garantizar el ingreso mínimo, el ingreso ciudadano o los “mínimos de ciudadanía” como dicen los brasileños, es ampliando al conjunto de los trabajadores, al universo de los trabajadores, la garantía de los derechos de ingreso de los niños, de la cobertura económica para los niños. Garantizando para los que trabajan en blanco, o para los que trabajan en empleo registrado, un techo más alto.

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Y al mismo tiempo incluyendo a todo este universo, que todavía no está completo. No han entrado los monotributistas, no ha entrado el personal doméstico, y hay alguna otra categoría que todavía no entró, que debería entrar. Ese es el próximo paso que debe darse: univerzalisarse en serio. Y debe además garantizarse un mecanismo de movilidad que vaya enganchado con la movilidad del salario familiar de los que están trabajando en blanco. Esos son los próximos pasos por los cuales hay que esperar y trabajar. O esperar trabajando.

Sobre los efectos universalizantes

Si algo no tiene esto es clientelismo, no tiene oportunidad el clientelismo. Inclusive, si algo no debería aparecer en la discusión acerca de la AUHPS es la idea de asistencialismo. Porque en realidad nadie problematiza, o nadie cuestiona en términos asistencialistas, el salario familiar que cobra cualquier trabajador, el que trabaja en una fábrica, o en una escuela, como maestro, cobra por sus hijos. Es decir, todo el mundo lleva el certificado de escolaridad, para cobrar la escolaridad que le corresponde por sus hijos, y todo el mundo está feliz por cobrar la familia numerosa si tiene más de determinada cantidad de hijos, y todo el mundo sabe que cuando se queda embarazada, lleva el certificado de embarazo a la oficina de personal y va a cobrar el prenatal para ir comprando las cosas del bebé. El que trabaja en blanco eso lo tiene y nadie lo cuestiona como asistencialista. Ni siquiera es una asistencia. En este caso nadie cuestiona eso en términos de si es asistencial o asistencialista, está fuera de la discusión. Y como esta AUHPS lo que hace es incorporar al resto, que trabaja pero sin esta categoría de trabajo en blanco, lo que hace es hacer extensivo, al conjunto de los trabajadores, al conjunto de los padres y madres de cada niño, el derecho a tener este mínimo de ciudadanía garantizado por el Estado. De esto se trata.

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Los que trabajamos en contacto con colegas y con gente que está en diferentes programas sociales y espacios gubernamentales, muchos hemos escuchado aseveraciones, cuestionamientos al carácter universal, por ejemplo. […] Sin embargo, hay una discusión sobre a la universalidad que no incluye de manera directa a la AUHPS –que es universal en la medida en que hace tabula rasa y mete a todo el mundo en la bolsa– pero que sí la salpica. Es necesario tener claro qué es lo que se está discutiendo cuando se complejiza este debate.

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Las políticas universales, cuando uno las mira retroactivamente y las analiza, sabemos que fueron iguales en su gestación. Por ejemplo, la educación pública en nuestro país. […] Podría hacerse un estudio acerca de las incompletitudes de las políticas universales. No son defectos, son incompletitudes. Porque si el Estado de Bienestar hubiera continuado y se hubiera podido fortalecer, seguramente estas políticas  hubieran podido llegar a todas partes y ser mejores y más eficaces. […] Pero aún así queda pendiente discutir la función igualadora que debe cumplir la política social frente a estas situaciones de desigualdad, de matriz.

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Es necesario garantizar que la política sea universal, pero diferenciadas en algunos grupos que necesitan más políticas que otros, que necesitan más garantías del Estado que otros. Porque vivimos en una sociedad desigual, porque el modo de producción produce desigualdades, más allá de las políticas universales. Esas diferencias, esas desigualdades, deben ser compensadas con políticas desiguales que produzcan un resultado universalizante. Y que, con más protección, equipare a aquellos que están más desprotegidos por el mundo productivo, el mundo económico, que es el que genera las desigualdades.