Somos cristianos, laicos y religiosos, de diversas iglesias (católicos en su mayoría), que hemos optado por el compromiso solidario ecuménico con los más pobres y la construcción de un país con igualdad y justicia social. En este tiempo de adviento navideño, celebramos los  29 años de democracia  que nuestro pueblo supo darse. Son muchos los logros y mucho lo que falta aún en la búsqueda de una vida digna para todos. Trabajamos día a día para profundizar este camino promoviendo y exigiendo políticas públicas democráticas, distributivas, consistentes y eficaces; con solidaridad y buena voluntad no alcanza.

Creemos en Jesús de Nazaret con alegría, convicción y entusiasmo. Nos interpela personal y colectivamente en nuestra fe y nos invita a ligar nuestro ser cristianos con el compromiso hacia la historia larga y presente de nuestro pueblo.

Con este espíritu, encontrándonos con miles de hermanos y hermanas en una tradición extensa de cristianismo en diálogo con la realidad de América Latina; consideramos este momento histórico del país y de nuestra patria grande como un periodo sumamente esperanzador y exigente. Reconocemos un proceso de inclusión en marcha –difícil, limitado, imperfecto, contradictorio, desafiante­– que pone en el centro, como sujeto, a los sectores populares y sus derechos, e invita a todos a trabajar en su profundización.

Lamentamos el último documento de los obispos argentinos por cuanto entendemos que su mirada de la realidad no se corresponde con la opción preferencial por lo pobres. Su planteo parece ser desde la agenda y los temas de interés de los grupos de poder.

Son muchos y dolorosos los ejemplos a lo largo de la historia latinoamericana en los que las jerarquías de la iglesia católica se han puesto de espaldas y hasta en contra de los más pobres, subestimándolos y accionando por encima del campo democrático. Expresando y alimentando discursos y acciones de unos pocos. Con el republicanismo y la división de poderes como coartada para conservar el propio poder. Desde la sombras si es posible, por fuera y debajo de la dinámica democrática en todos los casos.

En Argentina sigue pendiente una palabra institucional y valiente que asuma y condene el vínculo de la jerarquía católica con los crímenes de la última dictadura militar. La proclamada Verdad reclama que ese Nunca Más de la Iglesia Católica todavía faltante se concrete. El silencio, la evasión, la vaguedad, son elocuentes para comprender la posición de la jerarquía católica como actor político en el momento actual. Un cambio de época desplegado al ritmo del esclarecimiento de los crímenes del terrorismo de estado y enjuiciamiento de sus responsables. La pasión por la verdad no se entiende sin la pasión por la memoria y la justicia.

Desde el Centro Nueva Tierra encontramos esperanza en estos tiempos de avance y en el proceso social de largo aliento involucrado. De una manera insuficiente, parcial, perfectible y –a la vez– bienvenida; trabajo y educación vuelven a ser, efectivamente, ejes centrales para la construcción de mayor igualdad y ampliación de los grados de libertad de nuestro pueblo. Vivimos en una sociedad atravesada por el conflicto democrático y celebramos el debate ciudadano y la mayor participación –especialmente juvenil– que el momento habilita en el compromiso por una sociedad más justa.

Aunque es evidente que no estamos en el mismo lugar que en el año 2001 o en la década de los 90, momentos de catástrofe social, ausencia del Estado y primado de los privilegios de unos pocos; los logros concretados nos permiten dar cuenta del espesor y la urgencia de lo que todavía falta. Aún hay mucho por hacer y tareas específicas para todos los actores.

Ir más allá, implica seguir trabajando en la democratización de la sociedad y del Estado en todos sus niveles. Precisamos un Estado laico que responda a los intereses del pueblo y no a los poderes fácticos, adalides de una Argentina desigual que se expresan (si lo hacen) negando sus intereses políticos reales.

Los argentinos y argentinas necesitamos hoy mensajes de esperanza y alimento espiritual para las luchas por un país cada día más justo. No se trata, en ese plano, de posicionarse como oficialismo u oposición, si no del lado de los más humildes. Atravesamos un tiempo largo de adviento que interpela a la recreación de una conciencia ética que descubra a Jesús en el otro pobre. Y al pobre, hoy, como aquel que desde su ser otro frente a la moral de los sectores dominantes, pelea por sus derechos y los ELIGE. La democracia es una mediación y una posibilidad concreta para traducir esa elección cotidiana en decisión colectiva.

La navidad nos prepara para el nacimiento de lo nuevo. Esperanza y decisión abren el camino hacia desafíos próximos, concretos. Y demandan renovar la alegría, el coraje y el compromiso.

Centro Nueva Tierra

6 de diciembre de 2012