Por Margot Bremer.

Texto extraído de la Agenda Latinoamericana 2012 (más información en info@nuevatierra.org.ar).

La visibilización de la mujer en el espacio público se hizo posible mediante la lucha organizada de muchas mujeres que rompieron con una tradición milenaria de subordinación. Lo más revolucionario ha sido el cambio a una nueva visión de la humanidad, al haber rescatado el ser humano del binomio mujer/varón para la interrelación entre los mismos, liberando a la sociedad no sólo de una mirada androcéntrica del mundo, sino de roles de género inadecuados. A partir de ahora, varón y mujer deben ser considerados en igualdad, respetando y valorando mutuamente su diversidad. Pero eso es solamente el inicio de un proceso que necesita ser llevado a cabo para poder inaugurar una nueva época. En este momento histórico, con drásticas involuciones y a la vez importantísimas evoluciones, aún no se ha conseguido el equilibrio entre los géneros. Debe continuar la lucha, pues el reconocimiento de igualdad entre géneros es un paradigma para el restablecimiento de muchos otros desequilibrios entre supuestos antagonismos.

Algunos Principios de Vivencia del Sumak Kawsay

Para poder interrelacionar la causa Mujer con el Sumak Kawsay, el Buen Vivir, es necesario conocer algunos principios del mismo. La utopía del Buen Vivir se basa en una concepción cósmica de la realidad, percibida en tierras andinas de Abya Yala, hace miles de años, una propuesta de convivencia llamada Sumak Kawsay por los Quechua, que incluye a toda la sociedad humana y a todas las formas de vida que hay en la tierra. No deben existir desigualdades en derechos, ni entre vida de la naturaleza y vida humana, ni entre varón y mujer, ni entre indígenas y no-indígenas, ni entre grupos sociales, ni entre extensiones de territorio… Debe haber condiciones favorables de vida para todos. Lo que sostiene, fortalece y desarrolla esta vida en su rica diversidad es la calidad de interrelaciones que apuntan a una comunidad cósmica. Tal comunidad se construye en la diversidad mediante los principios del Sumak Kawsay: reciprocidad, solidaridad, igualdad, respeto mutuo a la diversidad. Se cuenta con el apoyo de todos. Aquí, la diferencia entre mujer y varón no se concentra en un status de igualdad, sino que se fija en el dinamismo de relaciones que orienta a la interdependendización y complementación. Respecto a este principio comenta Fernando Huanacuni Mamani: «todos y todo somos parte de la Madre Tierra y de la vida, de la realidad. Todos dependemos de todos, todos nos complementamos. Cada piedra, cada animal, cada flor, cada estrella, cada árbol y su fruto, cada ser humano: somos un solo cuerpo, estamos unidos a todas las otras partes o fenómenos de la realidad». La práctica de este interrelacionamiento en reciprocidad nace de una profunda sabiduría y espiritualidad cuya maestra es la misma Pachamama, que conduce todo hacia una convivencia equilibrada entre las formas de vida que hay en ella.

Los pueblos andinos afirman que el Sumak Kawsay es un «sueño para todos los humanos, no sólo para los indígenas». Este ofrecimiento nos anima a buscar sintonías existentes entre esta propuesta indígena y la visión femenina sobre la vida y convivencia.

Coincidencias del Buen Vivir y la Causa de la Mujer

En la perspectiva de la mujer el cuidado y la sostenibilidad de vida siempre han sido prioritarios; lo mismo nos afirma la utopía del Buen Vivir. Esta visión es inherente a los dos «movimientos» que están emergiendo en este momento histórico con mucho vigor. Sabemos que una nueva visión puede propulsar un cambio también en la visión política de cómo sostener la vida de un país y del mundo. El Buen Vivir busca el equilibrio humano y ambiental para llegar a una armónica convivencia, así como la mujer lo plasma en el eco-feminismo. Para esta finalidad, ambas partes, Mujer y Buen Vivir, luchan por una nueva propuesta de decrecimiento de consumo y reducción de un estilo de vida que fue impuesto por el capitalismo individualista. La experiencia adquirida en esta lucha afirma que en medio de este proceso de liberación ya comienza el Buen Vivir. «Insertarse en el camino de liberación es ya un buen vivir, un camino de gracia», dice Elsa Tamez.

Visión holística

El desafío de sostener la vida en la tierra necesita una visión holística y equilibrada, presente tanto en la mujer como en el Sumak Kawsay. Tanto la tierra como la mujer son generadoras y cuidadoras de vida. Ambas, por naturaleza y por trayectoria, se caracterizan por su apertura a la diversidad. La mujer lucha por ser reconocida como ser humano, ni inferior ni superior, diferente al varón, para poder entrar en mejores relaciones. El Buen Vivir defiende el ser humano como parte de la naturaleza. Ambos buscan, desde una visión holística, la totalidad en un armónico equilibrio entre las diversidades. ¡Imaginémonos cómo sería desde esta doble perspectiva la redistribución de los productos a nivel económico, así como la eliminación de privilegios y desigualdades a nivel social!

La diversidad apunta a más comunitariedad

En la lucha de la mujer por la igualdad, su finalidad nunca es la inversión del orden actual: no busca la «vuelta de la tortilla», para asumir ella el rol del varón en la sociedad. No. Tanto la mujer, como el modelo del Buen Vivir, buscan unidad dentro de la diversidad, pues cuanto más se organizan en grupos particulares, más aumentan su sentido comunitario/social. La diversidad es tan necesaria para la vida del género humano como la diversidad biológica para la vida misma. En realidad una cierta crisis causada por las diversidades ayuda a tomar conciencia de las verdaderas necesidades del ser humano.

De la desigualdad a la diversidad

Las desigualdades existentes son una de las causas principales para la lucha por más igualdad. Una situación de desigualdad es el espacio en que resurge la conciencia de experimentarse despojada/o de su derecho sagrado a igualdad y libertad. La liberación de injustas desigualdades busca necesariamente otro modelo de convivencia en el que nadie esté marginado ni excluido. La desigualdad siempre amenazará un orden injusto establecido, que imposibilita relaciones armónicas. Esta situación tenía su matriz en una interrelación desequilibrada entre varón y mujer. Hoy día urge salir de una visión unilateral y monofacética de la realidad y entrar en otra más multilateral y plurifacética para ver toda la realidad. Los aportes, tanto de la mujer como del Buen Vivir, en su lucha por la igualdad entre los géneros y entre las etnias, son significativos para el cambio de nuestra sociedad. Pues, al incluir el derecho de diversidad, pero en igualdad, surge una nueva oportunidad de organizar el futuro en torno a perspectivas diferentes, que pueden acelerar el desarrollo de una sociedad alternativa: más plural, diversa, complementaria, igualitaria e integral. La lucha de la mujer y del Buen Vivir por más igualdad es pionera para llegar a una sociedad alternativa.

Reflexión final

A pesar de las grandes coincidencias que encontramos entre las luchas y propuestas de la mujer y el Buen Vivir, también existen algunas diferencias.

Por ejemplo, en la perspectiva del Buen Vivir no es posible pensar que cada uno/a luche por el mejoramiento de su propia vida, sino que es prioritario que todos los humanos, junto con todos los otros seres vivientes de esta tierra, vivan bien.

Hay otra diferencia en el aspecto del Buen Vivir: es impensable que la mujer se perciba individual y aisladamente; la naturaleza está en ella, la constituye, le da sentido de pertenencia; sin embargo, esta visión está ausente en la mujer moderna. Pero sabemos que las diferencias se complementan mutuamente. Pongo el caso del consumismo, que busca siempre en primer lugar a la mujer, alienándola. La mujer debe ser la primera en aprender del Buen Vivir a entrar en un proceso de descolonización. Los pueblos andinos habían ejercitado durante siglos la descolonización para resignificar permanentemente este proyecto de vida suyo.

Tengamos siempre en cuenta que en la búsqueda de transformar las desigualdades no basta conformarse con una sola perspectiva; muchas son necesarias para conseguir un verdadero cambio civilizatorio. Los movimientos que propugnan nuevas perspectivas deben articularse para superar la herencia de un patriarcado monolítico que había impedido percibir otras miradas de nuestra realidad.

Es hora de desandar el «camino único». Vivimos en un kairós, ya que la apertura a la diversidad, tanto en la perspectiva del Buen Vivir como de la Mujer, sintoniza con el pluralismo que ha irrumpido quebrando el “pensamiento único”.

Descolonizar y resignificar son tareas permanentes para poder articularse desde su propia particularidad para una unidad en la diversidad. El reconocimiento de las diversidades, por lo que están luchando la mujer y el modelo del Buen Vivir, cobra todo su sentido cuando éstas persiguen proyectos comunes.

Es muy necesaria hoy día una alianza entre la Mujer y el Buen Vivir para testimoniar juntos nuevos caminos que generen una humanidad y un mundo con mayor igualdad y más unidad en la diversidad.

Margot Bremer

Asunción, Paraguay