A continuación, unas entrevistas que indagan sobre el impacto de la Asignación Universal por Hijo. Una mirada desde escuelas insertas en barrios populares. Además, algo la discusión en torno a la cuestión de la pobreza en Argentina.

El debate sobre la Asignación Universal por Hijo, su impacto y la cuestión de fondo, que es la pobreza, toca de cerca a las escuelas de barrios populares. Dos representantes de instituciones educativas cristianas, con una fuerte raíz en la educación popular, dialogaron con el Centro Nueva Tierra para dejarnos su mirada sobre una realidad que palpan día a día.
En primer lugar, consultamos a Fernando Acosta, director de la Escuela Provincial Marcelino Champagnat de Rosario, una escuela pública de gestión privada que depende de la Congregación de Hermanos Maristas. Acerca del impacto que tuvo esta política pública en la escuela que dirige, Fernando comenta: “Para la escolaridad fue muy beneficioso. Las matrículas se reforzaron en las escuelas, sobre todo en aquellas que están en sectores populares, donde la deserción hacía estragos. Lo que realmente hizo el subsidio fue fortalecer a los chicos en estas escuelas”. Y agrega: “Me parece estupendo el impacto que tuvo dentro de toda la población. Corre esos intereses mezquinos de algunos punteros, de algunas prácticas de organizaciones que tenían cautiva a la gente en función de la asignación de ciertos recursos económicos por ir a marchas. Pone en igualdad a todos los chicos y el derecho a tener algo mínimo en la casa”.
En este sentido, Patricio Bolton, Hermano de La Salle, que trabaja en la Escuela Héctor Valdivielso, una institución privada gratuita, en el municipio de Malvinas Argentinas, Córdoba, coincide con la mirada de Fernando y destaca: “Me parece una política muy buena que va en la línea de mayor distribución de la riqueza y que es valiosísima. Se están empezando a ver los resultados y a operar sobre cierta dinámica social. Se nota cómo ha impactado en la matrícula escolar, en la expectativa educativa de los padres para con los hijos, y de los padres sobre sí mismos”.
Consultados acerca del debate sobre la universalidad y, concretamente, sobre la posibilidad de que los niños que concurran a colegios privados no puedan acceder a este subsidio, ambos coinciden en la necesidad de desterrar la idea de que lo privado está asociado a las clases sociales de mayores recursos. “Me parece grave asimilar lo privado al que tiene recursos, y lo público a los pobres, es seguir acentuando una dinámica de fragmentación educativa que vivimos en los últimos 20 años donde lo privado está circunscripto a las clases sociales ricas y lo oficial a las clases sociales más empobrecidas. Pensar en una política que elimine de la Asignación Universal por Hijo a aquellos que concurren a escuelas privadas, me parece un grave error, por el hecho de meter a todas las privadas en la misma bolsa”, expresa Patricio. Y añade: “Es grave también, supeditar el derecho del hijo a las posibilidades que tienen los padres. Hay padres que lo único que tiene cerca es una escuela parroquial o una escuela de gestión privada, y no tienen una escuela pública cercana”. Del mismo modo, Fernando sostuvo que “muchas escuelas privadas no responden a ese imaginario de colegios privados que tienen cuotas altas y que son lugares donde aquellos que tienen el subsidio universal no asisten”. Al mismo tiempo, ambos desestimaron la posibilidad de la implementación de esta medida de restricción de la asignación.

El rol de la Iglesia en el debate de la pobreza

Desde hace un tiempo, la cuestión de la pobreza ha acaparado la agenda pública y desde algunos sectores ha sido cuestionada la posición que la Iglesia adoptó en torno a este tema.
En relación a la problemática de la pobreza, Fernando Acosta destacó que “cuando tomamos índices de pobreza, la misma no es tan marcada como hace un tiempo atrás y hay mejoras importantes”. “El alimento en la casa está cubierto, aunque lejos de ser lo ideal. Por ejemplo, en nuestro barrio la cantidad de comedores comunitarios disminuyó mucho”, comenta. Y puntualmente sobre el rol de la Iglesia en este debate, expresa: “Me parece que la misma preocupación que se muestra en distintos documentos de la Iglesia o en algunos sectores políticos, no estaban manifiestos hace un tiempo atrás cuando los índices eran mucho peores”.
Por su parte, Patricio Bolton puntualiza: “El conjunto de la Iglesia oficial, jerárquica o lo más visible de la Iglesia en los medios de comunicación, no está en contacto con el sector más empobrecido de la población. Y, mientras esa Iglesia no se muestre al lado de esos sectores, como sí lo hacen muchísimas comunidades, congregaciones, parroquias, etc., mientras no se muestre participando de las cosas cotidianas, el discurso que pueda decir es muy vacío, goza de descrédito y se va a sospechar siempre de la intencionalidad política del mismo”.