El 27 de agosto del 2004, la Coalición por una Radiodifusión Democrática presentó en sociedad los 21 Puntos Básicos por el Derecho a la Comunicación. Este año, la militancia persistente y la apuesta profunda de múltiples organizaciones sociales y populares tuvo una respuesta: el gobierno nacional tomó la propuesta y la tradujo en un proyecto de ley, que circuló y se discutió en todo el territorio nacional: foros abiertos, audiencias públicas, jornadas de trabajo. A las dos y media de la madrugada del 10 de octubre, en el Congreso Nacional, la iniciativa larga y compleja de distintos actores en estos 26 años de democracia parió la Nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA).

Aproximadamente 40 mil personas respondieron a la convocatoria lanzada en la conferencia de prensa realizada en el Centro Nueva Tierra el 7 de octubre, en donde Néstor Busso, referente nacional de la Coalición por una Radiodifusión Democrática –y recientemente nombrado presidente del Consejo Federal de Comunicación (COFECA)–, destacó: “El proyecto en tratamiento en el Congreso de la Nación, que esperamos y confiamos será aprobado en la sesión del próximo viernes, es nuestro proyecto. Estamos convocando a todos y todas quienes se sientan parte de esta tarea de democratizar las comunicaciones, de garantizar la libertad de prensa y el derecho a la comunicación para todos los argentinos”.

El viernes 9, alrededor de las 11, la Cámara de Senadores emprendió el tratamiento del proyecto de ley, que ya contaba con media sanción en Diputados.

A partir de las 17, militantes, organizaciones, y movimientos sociales llenaron la Plaza de los Dos Congresos para aguardar y apoyar la sanción de la LSCA. Por todos lados carpas, radios abiertas, banderas, murgas, bailes, gentes, y la consigna lanzada a todos los vientos que quisieran escuchar: “Vamos por la nueva ley de la democracia”.

Sobre el escenario montado en la calle Entre Ríos, desfilaron los que hablan, los que cantan, y los que ya no están dispuestos a aguantar el silencio.

A la 1.50 del sábado fue turno del último orador antes de la votación en general, el senador Miguel Ángel Pichetto (Frente para la Victoria), quién remarcó que lo se estaba discutiendo esa noche era “una ley de la democracia, no la gestión de un Gobierno”. Afuera, en la Plaza, la (a)tensión no paraba de crecer. No era para menos.

Es después de 20 horas de exposiciones de más de 50 legisladores, y de una fiesta popular ininterrumpida, que se aprobó por 44 votos a favor y 24 en contra la Ley 26522/09, que reemplaza el decreto ley 22285/80 de la última dictadura.

Frente al Congreso, tronaron los festejos. Las estrofas del Himno Nacional Argentino acompañaron a punta de garganta la celebración por la aprobación de la nueva norma y la cancelación de una de las más grandes deudas de la democracia.

Desde el mismo escenario por donde desfilaron a lo largo de todo el día artistas y militantes, Busso destacó eufórico: “Esta noche tenemos una ley de la democracia que reemplazará a la ley de la dictadura, con esta ley derrotamos a la dictadura del mercado”.

A lo largo de todo el proceso, fueron muchos los actores que redujeron la iniciativa a una cruzada del oficialismo versus Grupo Clarín, la propiedad privada, los derechos adquiridos, y la libertad de prensa / expresión, homologada a la libertad de empresa. O afirmando que “No es el momento oportuno”. O que en nuestro país hay problemas “de verdad”. O que se “perderían fuentes de trabajo”. O una mezcla de todo eso.

La contrapartida a estas afirmaciones es un instrumento legal, saldo de un trabajo continuo de construcción de consensos en distintos espacios que invalida los argumentos de apuro oficial o de cooptación de las organizaciones sociales por parte del Estado.

“Más que en contra de algo, yo creo que este proceso es a favor de la construcción de un nuevo sistema de medios”, subrayó Tristán Bauer, presidente del Sistema de Medios Públicos. En esta línea, Gustavo López, Subsecretario General de Presidencia de la Nación, enfatizó que no es una ley para atacar a nadie en particular, sino que se trata de “poner límites a la concentración monopólica” para “resguardar la libertad de expresión”. Por su parte, Cristian Jensen, Jefe de Asesores de la Cámara de Diputados y miembro de la Coalición por una Radiodifusión Democrática, destacó que la LSCA es “una reforma política importantísima porque le da el poder de la palabra al pueblo”, y que los argumentos que aluden a una posible cooptación de las organizaciones a favor del gobierno implican “desconocer la soberanía popular” y “descalificar años de militancia”. Edgardo Form, Presidente de Cooperar –Confederación Cooperativa de la República Argentina– manifestó que el movimiento cooperativo apoya la ley porque “este nuevo marco legislativo permite la multiplicidad de voces, lo que es vital para una democracia que no es retórica o formal, y para la consolidación de un modelo de país con más democracia, con equidad y justicia social”.

La Coalición por una Radiodifusión Democrática supo construir con potencia y vocación de trabajo legitimidad y poder social para transformar un reclamo popular de 26 años en un instrumento de estado.

De todos modos, es importante tener en cuenta que la aprobación de la LSCA es un hito en un camino de construcción que no ha llegado a su fin. Tal como expresó Pascual Calicchio, Coordinador de Comunicación del Movimiento Barrios de Pie, e integrante de la Coalición, “se abre la posibilidad de que tengamos medios de comunicación distintos, pero depende de que nos pongamos a pensar como hacer esa otra comunicación”. En el mismo sentido Busso indicó que: “Esta ley nos abre un gran desafío, y es el de ocupar los espacios que la ley misma nos abre demostrando que es posible otra comunicación para construir otro país”

Empieza así un nuevo desafío: velar y participar para que, a partir de la nueva ley, los 21 Puntos sean una realidad que afiance un nuevo modelo de comunicación, a partir de la creación e implementación de políticas públicas de comunicación que expresen y materialicen su matriz democrática – democratizadora (Ver Recuadro).

Tal parece que la Plaza, otra vez, no es un punto de llegada, sino de partida.


Lo que se viene

La comunicación puede (y debe) ser entendida como un espacio de encuentro y construcción de sentidos compartidos que anteceden, anuncian y hacen posible el cambio social y la intervención en los conflictos democráticos.

La movilización social generalizada en torno al proceso de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual actualizó los conceptos y el valor de la democracia, la participación y la intervención popular de lo público. Sin embargo, no garantiza de por si pluralidad o diversidad.

Se abre así un nuevo reto: que la comunicación deje de ser un apoyo instrumental de procesos políticos y pase a ser una dimensión central de las nuevas culturas políticas.

El proceso desatado y conducido por la Coalición por una Radiodifusión Democrática, la aprobación de la LSCA y el nombramiento de Néstor Busso al frente del Consejo Federal de Comunicación Audiovisual (COFECA) son hitos auspiciosos en el desafío de alcanzar una relación más equitativa en la construcción no solo de medios de comunicación, sino de sentidos comunes e iniciativas, involucramiento activo y protagonismo de la sociedad en la propuesta y definición de políticas públicas para nuestro país.

Habrá que concretar, legitimar, apropiarse y ser monitores de este proceso que acaba de inaugurar la “nueva y auspiciosa redistribución de la palabra”, en palabras de Busso.

La participación protagónica en el COFECA es un espacio primordial de trabajo permanente para la construcción de lo público político y el afianzamiento de otro modelo de comunicación, con éticas y estéticas (diferentes y propias) que representen, reflejen y construyan la identidad e historia de nuestro pueblo y nuestras comunidades.

El reto es, entonces, trabajar colectivamente en la reglamentación y aplicación de la ley, efectivizar los límites a la propiedad de los medios, fomentar la producción local, y fortalecer medios de comunicación que, con una lógica diferente a los privados comerciales, tengan calidad, y sean interesantes y sustentables organizativa, social, y económicamente.