Desde el Centro Nueva Tierra apoyamos y celebramos la recuperación del control de YPF por parte del Estado argentino. Es un hito de resonancias históricas y sociales que van más allá de una gestión de gobierno en particular. Una decisión que genera responsabilidades ineludibles en nuestros dirigentes y el conjunto de la sociedad en los años que vendrán. Impacta de manera directa en la construcción de un modelo de desarrollo con eje en la industrialización de la mano con la profundización del proceso de inclusión en marcha.

La declaración de interés nacional del autoabastecimiento de hidrocarburos da condiciones para una política energética a favor de los intereses de las grandes mayorías. Abre posibilidades y –aunque no las garantiza- habilita nuevas concreciones en materia de política pública. La soberanía energética efectiva es un objetivo de largo aliento que demandará valentía política, fuerza social, gestión estatal y acción colectiva.

Más allá de los límites y recortes propios de las lecturas coyunturales y de las miradas lineales que afloran en estos momentos, hoy se juega en esta tierra algo que tiene que ver no solo con la energía para las mayorías, con el trabajo, sino también, algo que tiene que ver con el bien común y la vida de todos. Significa un desafío de cara al desarrollo humano y el cuidado la creación.

La re-nacionalización del 51% de la acciones de YPF, junto con la reconfiguración de su directorio incluyendo a representantes provinciales y a referentes en el campo de la economía y la investigación para el desarrollo, es al mismo tiempo un paso más en la recuperación del Estado democrático para todos los argentinos. Fortalece a un actor, un espacio y una herramienta clave en la disputa por la igualdad y la ampliación de derechos. Promueve la afirmación de lo público frente a la lógica del mercado y la recompone una presencia –suboptima pero significativa– en el día a día de los sectores populares.

El consenso y la adhesión mayoritaria a esta medida refleja algo más que patriotismo y sentimiento nacional: tiene que ver con el aprendizaje y la maduración en camino de un pueblo que atravesó con grandes costos regímenes económicos sociales y políticos sostenidos en pilares que hoy colapsan y se resquebrajan en los centros del capitalismo mundial.

La política energética e hidrocarburífera es un eje clave para la profundización del proceso de inclusión en marcha. Abre frentes de disputa y exige de parte de todos coraje y compromiso para ir por más. Conecta con otras tareas pendientes en materia de política pública: una reforma fiscal impositiva, la política de vivienda y regulación inmobiliaria, la política federal de transporte, la implementación efectiva de la ley de servicios de comunicación audiovisual, la calidad del empleo y  una distribución del ingreso más equitativa para todo el conjunto de los trabajadores, entre otras. Los logros nos ponen ante una agenda amplia y desafiante a la quedamos la bienvenida. Festejamos, porque, otra vez, la historia invita.