Entrevista a Fortunato Mallimaci

“La complicidad de sectores religiosos con el terrorismo de Estado no se soluciona haciendo ‘borrón y cuenta nueva’

Compartimos con ustedes una profunda e intensa entrevista a Fortunato Mallimaci (investigador del Área de Sociedad, Cultura y Religión del CONICET, ex Decano dela Facultadde Ciencias Sociales, miembro del Centro Nueva Tierra y dela Comisióndela Provinciade Buenos Aires porla Memoria) realizada la semana pasada en Radio Nacional.

Mallimaci se refiere al significado que tiene en el contexto actual la memoria de Orlando Yorio para los grupos católicos y cristianos que exigen a la jerarquía católica que reconozca públicamente su rol durante la dictadura militar y la connivencia con el terrorismo de estado. También habla, con mirada histórica, sobre los cruces entre religión y política y el lugar del catolicismo en el escenario social y político Argentino.

 

Audio completo con la entrevista (21/03/2013):
[audio:http://www.nuevatierra.org.ar/wp-content/uploads/2013/03/fortunato-malimacci-vivo-galende-papa-francisco-21-3-2013.mp3]

Desde que asumió el Papa estamos tratando de reflexionar sobre las consecuencias que puede traer para la Argentina, para la región. ¿Qué pensás sobre esto?

Hace varios días que estamos hablando de este tema. ¡Temas como la inseguridad desaparecieron de la agenda! Quizás eso nos hace meditar más. Al equipo de Sociedad, Cultura y Religión (Ceil-Piette , CONICET)nos han llegado ­ –literalmente­ – miles de pedidos­ y preguntas en relación al tema. Que se trate de un Papa de América Latina y dela Argentina nos pone como investigadores a responder sobre cosas que tenemos muy incorporadas pero que nos cuesta explicar.

Por ejemplo, en Argentina, la referencia al terrorismo de Estado y las complicidades de sectores mediáticos, económicos y religiosos­, es casi constitutiva para muchísimas generaciones; es un momento central, para atrás y para delante, para entender lo que sucedió en este país. En los juicios qa los represores que estamos teniendo hasta ahora, en todas las provincias, –estuve mucho en los de La Plata, la ex ESMA y Bahía Blanca– aparece esa complicidad civil y religiosa. Muy fuertemente en cada juicio que se hace. En Bahía Blanca, por ejemplo, es un obispo que ya murió el acusado, junto a un sacerdote –Aldo Pomar Vara– al cual el tribunal ha pedido que se lo busque, porque no se lo encuentra. Y así en cada lugar. Vamos haciendo un listado de religiosos y religiosas. Las religiosas aparecen vinculadas a la desaparición y entrega de bebés, algo que hace acordar mucho ala España franquista. Es algo muy difícil de entender, por ejemplo, para periodistas de otros países: “¿Por qué ustedes siguen con estos temas?”, nos dicen. Es una sociedad la que decidió sobre este tema, combatir la impunidad. No se rata de un problema de un periodista, ni de un diario, sino de la voluntad de una parte importante de la sociedad argentina, no de todos, de conocer la verdad, conocer lo que sucedió. Esto nos interpela especialmente. Participo de espacios y grupos católicos, de reuniones, de encuentros con sacerdotes, religiosas y obispos.

En los últimos años, quedó claro que lo sucedido durante la dictadura está en el corazón de la reflexión cristiana que se debe hacer en nuestro país.  Es significativo el grupo de personas que no sólo fue víctima de ese terrorismo de Estado sino que fue víctima de complicidades de vastos sectores de la sociedad.

Orlando Yorio no es un descubrimiento de un diario. Orlando Yorio es la expresión, enla Argentina, a nivel de obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, del sufrimiento, la persecución que sufrieron miles de católicos en Argentina asesinados y llevados  a la desaparición, muchas por otros católicos.

Perder de vista esto, hacer, hoy, borrón y cuenta nueva, no nos ayuda. Con Alfonsín tuvimos un intento valiosísimo de sacar a la luz todo esto con el Juicio a las Juntas Militares y la CONADEP.  Ahífue donde Orlando Yorio declaró y dio testimonio de su denuncia. No es un fulano que haya declarado esto a partir de la operación de un periodista o un grupo de locos. Ya en la CONADEPlo declaró. Ojalá que todos los que estuvieron lo recuerden. Participó también del juicio a las Juntas Militares y dio su testimonio en numerosos espacios. Orlando participó activamente del movimiento de curas tercermundistas, también en los espacios que se generaron en la democracia desde 1985 hasta su muerte en el 2000. En todos sus espacios de formación y encuentro estaba el día de los mártires, el día de recordar a tantos cristianos y personas de corazón amplio que habían sido detenidos, desaparecidos y asesinados.

Digo esto para que se entienda que no es un problema localizado. Es un sentir, un clamor que no se soluciona haciendo borrón y cuenta nueva.

 

¿Dónde estuvo ubicado Bergoglio en esta  conflictidad de la que estás hablando?

Me parece interesante ver esto en el largo contexto del vínculo religión y política de la Argentina. Elradicalismo y el peronismo, considerados fuerzas mayoritarias en Argentina, comprendieron que la relación con el catolicismo debía tenerse en cuenta. No son partidos laicos si se entiende por laicos que “estén en contra”. Son partidos que entendieron que la política tenía que hacerse desde su propia lógica partidaria, pero que debían incluir el tema religioso en la manera de comprender la sociedad argentina y latinoamericana. El radicalismo, con unas posturas todavía de impronta liberal, por eso tiene que ver más bien con catolicismo en lo privado y por eso el intento de poner a Monseñor de Andrea. El peronismo, desde otros lugares, también se nutrió de esa realidad. La nación católica no es un mito, es una realidad.

Uno puede decir que la equivalencia entre identidad nacional e identidad católica es un invento, como también Estado, la República Argentina, las sociedades. Pero, un invento hecho entre las décadas del 20 y del 30 que sigue hasta el día e hoy: identificar catolicismo con identidad nacional. En este vínculo se condensa desde la década del 30 una fuerte carga  anti liberal y anti comunista. Por eso, cuando se habla de patria grande, esta puede estar hablando de la patria de toda América Latina que lucha contra el imperialismo o de lo que hay que preservar de los yanquis, pero también  puede hacer referencia a la lucha contra los WASP: White Anglo-Saxon Protestant… and Jews, “y judíos”. El antiprotestantismo y el antisemitismo también son muy fuertes cuando se habla de la patria grande. Distintos grupos a lo largo de la historia –sobre todo en Argentina– han tratado de dislocar conceptos, recuperarlos y hacerlos suyos. Patria grande es uno de ellos.

La segunda y tercera generación de inmigrantes fueron las que se nacionalizó. Las que decidieron quedarse a vivir en Argentina. Esas generaciones también hicieron suyo ese catolicismo. Ya no el catolicismo privado, liberal, burgués, uno que se conserva dentro de los espacios. Sino uno con el mandato de penetrar: penetrar en los sindicatos, en los partidos, en las fuerzas armadas, en la cultura, en la educación. En eso, el peronismo es una matriz que tiene afinidades enormes con ese catolicismo. Uno puede hacer referencia amplia a la iglesia católica, por un lado, y al peronismo, por otro. También al movimiento peronista y movimiento católico. Dentro de esos movimientos, multiplicidad de peronismos y multiplicidad de catolicismos. Además, se puede identificar al peronista “de la calle” y el católico “de la calle”. Entre todos estos hay múltiples negociaciones y conexiones que están hasta el día de hoy. Esto hizo que la sociedad política argentina pensara en la importancia de tener un cura amigo, un obispo amigo… ¡y un papa amigo! No se piensa todavía la política argentina –todavía– autónomamente; se piensa “algún cura, alguna monja o algún papa me tiene que acompañar”.

No es sólo un problema de fotos. Sino de sagrados y religiosidades mutuas; de cómo entender la política y la religión, cómo entender la emoción, cómo se construyen solidaridades que van mucho más allá de la piel. “Salir  a la calle” –algo que Bergoglio lo quiso hacer enla Diócesisde Buenos Aires– es, por ejemplo, una consigna de larga data del catolicismo argentino. El 19 de marzo fue el día en que había que salir a la calle para combatir anarquistas y comunistas. Porque el 19 de marzo es el Día de San José obrero y no el 1º de mayo, día reservado en esos tiempos para los comunistas.

Hablamos un catolicismo que no se queda en la casa, que sale a la calle y que se mete en lugares como los sindicatos. Veía los diarios llenos de avisos de sindicatos saludando al Papa Francisco. Esto no es nuevo. En los sindicatos no hay ozes y martillos: hay Evitas, hay Carpanis, hay Walshs, pero con cruces y sacerdotes que se suman a la larga marcha por la liberación.

 

¿Qué importancia tienen los jesuitas en lo que vos llamás la etapa de la penetración católica?

Los jesuitas son una orden con muchos años. Hay mucho para decir. Lo peor que podemos hacer es historia-complot en relación a ellos. En ese sentido, los jesuitas fueron una orden espejo de todos aquellos que creyeron que ellos estaban metidos complotando en todos lados: ellos hicieron historia del complot de los masones, de los liberales, los socialistas, los anticlericales.

Evitemos manejarnos con categorías como “el verdadero catolicismo” o  “el verdadero peronismo”. Catolicismo y peronismo funcionan muy parecido en estas cosas. Los que hoy acusamos como “traidor al catolicismo” o “traidor del peronismo” mañana pueden ser nuestros dirigentes. Esto es un rasgo muy fuerte de la cultura católica expandido a ciertos partidos. Si alguien llega ocupar un cargo de obispo o, en este caso, de papa, no le pidan a ningún especialista, a ningún sacerdote, que diga palabras en contra. Hay que entender la lógica de los actores según los lugares y los momentos. Lo que sí hay que pedir a investigadores e intelectuales, a colegas que quieren mantener algún pensamiento crítico, es coherencia. Uno no puede decir hoy todo lo contrario a lo que decía hace un mes.

Hace un mes encontrábamos discursos críticos frente a un grupo de católicos fuertes, organizados, que salían a la calle a combatir  contra  la ampliación de derechos yla Asignación Universal, contra que la política vuelva a dar sentido a miles de personas. Combatían porque si la política da sentido a miles de personas cierto catolicismo que quiere expresarse en ese espacio pierde densidad. Y el catolicismo necesita responder a  la espiritualidad de las grandes masas y sus creyentes, algo que hoy le cuesta muchísimo. La paradoja es que, con el catolicismo aumentando una presencia fuerte sobre el estado y la sociedad política, hoy todos los actores políticos son papistas. Hay varios partidos políticos que no hablaron por las contradicciones internas. No toca sólo al peronismo.

 

El peronismo y la religión católica disputan una misma clientela, y en esa disputa también hay una forma de espiritualidad que se yuxtapone y que a veces dicen lo mismo, y a veces lo contrario. Y de múltiples formas.  ¿Cómo se hace para desentramar esta lógica de discursos que son parecidos y diferentes?

Sobre la primera afirmación hay que ser más estrictos: peronismo y catolisismo no se disputan las estrictamente mismas personas. El movimiento católico que en otras épocas supo concitar obreros, estudiantes, la juventud que hizo efervescencia y se sumó a la experiencia sindical peronista y produjo lo que produjo en la década del 60 y del 70, hoy está extinguido. Hoy el movimiento católico está hecho por grupos de fuerte formación identitaria –Pro-Vida, el Opus Dei, Legionarios de Cristo,la Federación SantoTomás de Aquino, el Instituto El Verbo Encarnado– que se nutren de otros sectores sociales –no se nutren de clases obreras, de sectores populares y marginados– y salen a la calle con gran visibilidad mediática. Son hoy la fuerza de choque desde hace 30-40 años en el catolicismo a nivel mundial, latinoamericano y argentino.

Hubo un catolicismo desplazado de esta escena. Un catolicismo que intentó –y fracasó, hay que decirlo– hacer presencia en el mundo de los pobres, construir vínculos con la sociedad política y con la cultura, estar en el barrio para escuchar, organizar y transformar conciencia, para emancipar. Ese catolicismo quedó tan relegado que entre los 115 cardenales que votaban, no había ni uno de con esa identidad. Y esto no es una cosa del Espíritu Santo: hubo una política concreta en los últimos 40 años en la institución católica apoyada en la creencia de que esa gente era el causante de que hubieran menos católicos y menos vocaciones porque “secularizaba” la función sacerdotal. En esto, Ratzinger y el cardenal de la ciudad fueron claros: ellos lo llamaron la “dictadura del relativismo”, la “dictadura del subjetivismo” y “la dictadura del constructivismo, especialmente el de género”. Estas tres categorías están en Francisco como estaban en Scola, en Scherer, como estaban en los 115 obispos que participaron del cónclave y votaron. Después, en los cargos las personas son otras. Lo estudiamos bastante en las ciencias sociales: el cargo también hace a las personas; uno puede ser gobernador y hacer ciertas cosas, luego llegar a presidente y hace otras. ¿Cómo leemos eso? Tenemos que una mirada que nos permitan leer a las instituciones significativas de nuestra sociedad –el catolicismo, la política, los medios, los grupos económicos–  con núcleos duros que no se tocan. Hay núcleos duros del peronismo, por ejemplo, que no se tocan con el núcleo duro del catolicismo. Lo que sucede es que los nexos entre los núcleos de los partidos políticos con la IglesiaCatólicason amplísimos. Por ejemplo, primer embajador del Vaticano fue Carlos Custer, un hombre comprometido con la Iglesiay comprometido en el mundo sindical. Antonio Cafiero, otro ejemplo, está identificado con el mundo peronista e identificado simultáneamente con el mundo católico. Una cosa es ser católico peronista y otra es ser peronista católico. Cuando vino el conflicto con la Iglesiaen los años 1953 y 1954 muchísimos dirigentes peronistas se fueron. Lo triste es decirles traidores. Lo que prima en un momento es la conciencia, donde uno ha sido socializado.

 

Una de las primeras noticias, que trascendieron desde el diario italiano La Stampa, era que una de las medidas que iba a tomar el Papa Francisco era la beatificación del sacerdote Carlos De Dios Murias, un sacerdote secuestrado y asesinado en La Rioja, que colaboraba con el obispo Angelelli.  Se dijo acá, como una demostración de que Bergoglio no había tenido nada que ver ante la dictadura militar, que  había sido él  quien habría impulsado  desde 2011 la posibilidad de su beatificación.

Hay estructuras, maneras de comprender el catolicismo y todo tiene sus límites. Uno se ha acostumbrado a analizar personas, la importancia de la subjetividad, los cargos y las legitimidades múltiples que otorgan, unas que la persona no tenía cuando estaba en otro lado. Pero también existen estructuras de pensamiento y de control, regulación. Cuando salió la noticia de la posible beatificación de Carlos De Dios Murias, me pareció valiosa. Ahí empiezan a aparecer los hechos. Es importante la sencillez y los zapatos viejos, es valiosísimo seguramente para los príncipes que están allá. Pero para nosotros, lo valioso es el reconocimiento del asesinato de un sacerdote por parte de la dictadura, en este caso bajo el mando de Luciano Benjamín Menéndez. (Menéndez le dijo a Angelelli, antes de mandar a matarlo, que hay dos espadas, la fe y las fuerzas armadas, y que las dos deben actuar para eliminar los subversivos del país. “Si usted no aplica la espada de la fe a sus sacerdotes, yo voy a aplicar la mía”, le dijo.)

La beatificación de Murias, hubiera sido importante, pero pronto llegó la desmentida. Del superior de los Franciscanos Conventuales y, por supuesto, del Vaticano que dijo que en ningún momento se pensó en esto.

Hay moldes muy fuertes. Sucede con Monseñor Romero, asesinado en El Salvador. Ni con Juan Pablo II ni con Benedicto XVI,  pudieron canonizarlo. Porque canonizarlo es hacer otra memoria. Si hay una memoria que se trata de ocultar, denigrar y vincular con los supuestos causantes de la debacle del catolicismo, es la relacionada al Concilio Vaticano II, con sus resonancias Medellín y Puebla en América Latina, en San Miguel en Argentina, donde justamente sectores importantísimos de ese catolicismo dijeron que no querían  estar más con los sectores del poder y que querían sumarse a los sectores populares y desde allí anunciar un mensaje liberador. Si leemos la catequesis de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, también la del cardenal Bergoglio –y ahora vamos a ver la de Francisco– , se señala siempre que ese acontecimiento está “mal interpretado”. En la última misa que dio Benedicto XVI al clero de Roma, dijo: “Los medios mal interpretaron el Concilio y ustedes tienen que volver al verdadero Concilio”. En las instituciones y en las experiencias políticas, los “clásicos” dan para hacer diversas lecturas.

Mártir es un concepto muy cristiano, pero el término es muy usado por todos los organismos de derechos humanos en Argentina para referirse a las víctimas de la represión y el terrorismo de Estado. Esto tiene que ver con la transferencia de conceptos del catolisismo al mundo de lo político, de lo social y por supuesto en el movimiento de derechos humanos.

Por supuesto, sí espero que Francisco se digne, como representante de la catolicidad,  a visitar a las Madres de Plaza de Mayo, a las Abuelas Plaza de Mayo, a las víctimas del terrorismo de estado. Algo que no se hizo ni en la época de Tortolo, ni en la de Primatesta, ni cuando él mismo Bergolio fue presidente del Episcopado argentino. Sí hay un deber de exigirle que reconozca a esas víctimas del terrorismo de estado como mártires, actores centrales de nuestra memoria hacia el futuro. Nunca lo hizo. Recordemos que participaba de otros eventos y fue el creador del concepto “memoria completa”.  Esto es nuestra historia, es la historia de la sociedad argentina.

 

Estaba pensando en el asesinato del padre Mugica, ¿en qué parte de la idea de  memoria completa entrará?

Los sacerdotes más jóvenes se hacen una pregunta: “¿Cómo fue posible? Se asesinó a un sacerdote y la vida continuó”. No hubo ningún pedido a la justicia. El asesinato del Padre Mujica habla claramente de todas las memorias sobre esa época que están dando vuelta hoy.

Hubo un grupo importante de sacerdotes, de dirigentes políticos y religiosos que dijeron: “Lo asesinaron los Montoneros”. Hasta el día de hoy hay sectores que afirman eso. Al tiempo, se empezó a afirmar mayoritariamente que fuela Triple A.Recuerdo haber seguido estos hechos desde Bahía Blanca, en donde vivía en ese momento. O fuela Triple A“peronista católica” o fueron Montoneros “peronistas católicos”. Es muy difícil para personas que vienen del exterior y me preguntan por estos hechos entender lo que pasó: Católicos matando a católicos, peronistas matando a peronistas.

Todos estos últimos años se trató de separar Iglesia y estado. Se trató que haya autonomía, que no se confundieran el ámbito de lo político y el ámbito de lo religioso. Avanzar en derechos mas allá de lo que opinala Iglesiacatólica.

Sila Iglesiaquiere que sus fieles, por ejemplo, no aborten, está muy bien que lo haga. Incluso hay que darle espacio para ello.La Iglesiahasta tienes sus medios para decir a sus fieles qué hacer. Pero los que están enla IglesiaCatólicano pueden exigir al conjunto de la sociedad que haga lo que ellos quieren para sus fieles.

En todo esto se ha avanzado y no hay que olvidarlo porque hay que profundizarlo. ¿Cómo lo hacemos con un Papa argentino? Habrá que verlo. Según las investigaciones que hicimos desde nuestro equipo, la sociedad sigue igual que antes de la elección del nuevo Papa. Habrá una efervescencia un cierto tiempo. Al mismo tiempo sigue exigiendo mayores derechos, más participación en la mujer, que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos. Eso ayuda a que una sociedad sea más democrática. Católicos, los judíos, los evangélicos, los islámicos y otras religiones, sobre estos temas, la gran mayoría piensa igual. Por eso, cuando se dice que hay unidad  y diálogo interreligioso, muchas veces no se dice que es sobre esa agenda de temas vinculada a ciertos valores que la modernidad destruye y no sobre la cuestión de la liberación y emancipación, por ejemplo.

Sobre estos temas hay un debate, y apuesto como católico, ciudadano y académico a seguir dándolo para que esto avance y se democratice cada vez más.

 

¿No se trató en última instancia de una pelea entre distintas interpretaciones de nación y del catolicismo, una de izquierda y una de derecha, que en el fondo estaban peleando por discursos parecidos?

Hemos escrito con colegas sobre la matriz común del catolicismo en Argentina.  El catolicismo integrista tiene una matriz que tiene que ver con presencia en el estado, en la política, en la educación…  En la época del peronismo, un grupo decía que todas las escuelas del Estado debían enseñar religión y, otro enfrentado, quería que se diera a las escuelas privadas la posibilidad de ser católicas y que el Estado las financie. En la calle, enla Ciudadde Buenos Aires, manifestaron unos y otros. Y el presidente Frondizi dijo “enseñanza libre y católica”, con financiamiento a las escuelas privadas. El financiamiento casi total de las escuelas privadas es una característica bastante propia de Argentina en toda América Latina; escuelas que hoy son en su mayoría católica pero también las hay islámicas, judías, de mercado…

Hay una disputa muy fuerte por el concepto de nación: si lleva a patria o a república. Uno puede hablar de patria, república o nación como si fueran conceptos unívocos, pero en cada uno de ellos hay imaginarios inventados y construidos que hay que conocer para tratar de ver lo que se expresa. Porque el pasaje, la negociación, el ir de un grupo a otro, no dependía solo de la ideología.

Por ejemplo, hemos hecho una investigación sobre quién iba a Guardia de Hierro y quién a Montoneros. Descubrimos que muchas veces dependía del cura o del dirigente político local.  Porque los orígenes no son muy distintos: el seguimiento a Perón, la resistencia peronista, el ser católicos. Por supuesto, como son importante los orígenes también lo son, y mucho, las trayectorias. En el caso de Guardia de Hierro, por ejemplo, hay provincias donde hay un pasaje muy fuerte a Montoneros. También, hay otros lugares donde Montoneros se pasan a Guardia de hierro. ¿Por qué se pasaban de un lado a otro? Quizás porque  hay un imaginario y representaciones en común: sobre la patria, sobre la nación, sobre ciertos valores. Quiero destacar y que quede claro que no estoy diciendo que sean lo mismo unos y otros.

Si son lo mismo es desde la teoría de los dos demonios…

Eso es lo que quiero decir. Tengamos cuidado, porque si pensamos que son lo mismo rápidamente empezamos a jugar con las categorías del bien y el mal.  Con categorías teleológicas, traídas del mundo judeocristiano, trasladadas a la acción política, a la academia, a los medios de comunicación.

Uno hace la trayectoria de los militantes. Por ejemplo, algunos con Cafiero y otros con el padre Farinello. La política argentina es amplia y tienen porosidades. Varios de ellos son hoy una orden religiosa en Luján cuyo asesor principal era el Cardenal Bergoglio. El desencanto con la política lleva muchas veces hacia lo religioso, el desencanto con lo religioso lleva muchas veces hacia la política. (El gran cambio desde el 2010 tuvo que ver con un desencanto hacia distintos aspectos de parte de muchos jóvenes que fueron hacia la política) Ver esas trayectorias nos ayuda a ver afinidades de larga data.

 

El Papa Francisco, ni bien asumió, dijo que él quería una Iglesia pobre y para los pobres. Desde distintos lugares, se liga estas referencias a la Teología de la Liberación. ¿Qué tiene que ver esto con la Teología de la Liberación?

La investigación histórica ayuda a comprender estas cosas.  Uno debe estudiar el vínculo entre religión y política. Entre una propuesta teológica y a qué sociedad va. En América Latina la teología de la Liberaciónse nutre en sectores populares en los cuales hay varios casos de procedencia desde cierta matriz socialista o comunista. Chile es un ejemplo de esto: allá hay un grupo de sacerdotes que se llama Cristianos para el Socialismo. Los hay en distintos países con diferentes nombres locales. En Brasil nunca hubo organización sacerdotal porque los obispos eran los que iban a la cabeza.

En Argentina, el espacio que núcleo a sacerdotes vinculados a la Teologíade la Liberaciónse llamó Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Si leemos los documentos de este movimiento encontramos muchísimas referencias a lo nacional, lo popular, el pueblo, la patria grande… Esto les permite sumar muchos sacerdotes que no piensan exactamente lo mismo. En ese caminar hubo una apuesta muy fuerte de decir que peronismo era el que expresa esos valores dela Teología dela Liberación en la sociedad argentina. Cientos de curas, 550 redes y espacios enla Argentina nutrieron aquella experiencia con las distintas interconexiones y pasajes: los que se retiran, los que se quedan, los que siguen. No tomar en cuenta estas redes para entender la década del 70 es no entender nada. Eso mismo se da al interior de la institución católica, que ahora queda en manos de los grupos más ortodoxos.

En el  libro Cruces, intersecciones, conflictos. Relaciones político- religiosas en Latinoamérica (editado por FLACSO)  publico un artículo que se titula “Sostén católico al terrorismo de estado de la última dictadura cívico militar religioso en Argentina”. En éste hay un facsímil que refiere a un momento en el cual el vicario castrense, Víctor Monamín, lo fue a ver a Tortolo, presidente dela Conferencia Episcopal durante la dictadura militar. Monamín le dice que hay muchos coroneles y generales que lo van a ver con problemas de conciencia porque están torturando. Luego de esa entrevista Monamín escribe que Santo Tomás dice que se puede hacer la guerra justa y se puede matar, que torturar es mucho menos que eso. Está escrito.

En ese contexto, Bergoglio no era obispo. Ahora bien, era superior de una Orden muy importante que a su interior había tenido esta misma discusión. Él había decidido –no respetando lo que le decía su general, que estaba en la línea de acompañar ese movimiento de jesuitas–. Él creyó que a esos que pensaban de esa manera había que echarlos. Algo que él no niega.

¿Separarlos no era “mandarlos al muere”?

No, separarlos no era “mandarlos al muere”. En la época de la dictadura había un compromiso tácito –recomiendo leer los documentos dela ComisiónProvincialporla Memoriasobre esto– respecto a que antes de atacar a algún grupo religioso debía haber algún tipo de vínculo con el obispo. Las órdenes quedaban aparte en relación a este compromiso, tienen su propia autonomía. Bergoglio les dijo a Yorio y Jalics que dejaban de estar enla Compañíade Jesús, por lo tanto tendrían que haber recibido el apoyo del Cardenal dela Ciudadde Buenos Aires. Otro de los sacerdotes separados de los jesuitas en esa época recibió el apoyo del Obispo de Morón, Monseñor Raspanti, y se fue a vivir allá. Otro decide irse a Jujuy. Jalics y Yorio deciden quedarse.

Jalics y Yorio dijeron en sus declaraciones que el responsable dela Ordende los Jesuitas le escribió a los obispos diciendo que no los reciban ya que él les dijo que se vayan. Algo con su propia lógica. El Cardenal Aramburu no los aceptó, y fue en ese momento que fueron secuestrados, detenidos desaparecidos hasta que fueron liberados. Pasaron porla ESMA.

Con Orlando Yorio compartí mucho tiempo. Una vez me llevó a ver la casa donde lo torturaron.  Orlando me decía que siempre le impresionó que las preguntas que el torturador le hacía eran sobre teología.  A ese torturador él lo perdonó –hay mucho de esto en el catolsismo, hay que entender la lógica católica del perdón– pero siempre le intrigó de donde venían esas preguntas. Pensaba que no podían venir de él; alguien le había hablando sobre las discusiones que tenían con Jalics, discusiones muy profundas que muchas veces se conocen entre pocos.

Orlando murió en el año 2000 en Uruguay. Se fue de Argentina en 1997 cuando Bergoglio fue  nombrado Arzobispo de Buenos Aires. Junto con él,  Emilio Mignone (fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales)  y otros amigos dela Universidadde Quilmas, hicimos una enorme investigación sobre estos temas de derechos humanos. Fuimos a ver a Novak y a muchos sacerdotes: los que se habían ido, los que se habían escapado, los que habían estado presos.  Temas vitales, que forman parte de nuestras vidas y sobre los que nos posicionamos con las declaraciones que conocemos.

21 de marzo de 2013