Entrevistamos a Dennis A. Smith, presidente de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC). Luego de 30 años de residencia y compromiso en Guatemala, vive en Buenos Aires desde 2011 y se desempeña como enlace regional para el cono sur y Brasil de la Misión Mundial de la Iglesia Presbiteriana. En el marco de un seminario sobre las tareas para la democratización de las comunicaciones y la reducción de la brecha digital en América Latina realizado por WACC en febrero, preguntamos a Dennis por su mirada y la de WACC sobre estos temas y sus desafíos.

¿Cuál es la apuesta de WACC frente a un desafío tan amplio y profundo como el achicamiento de la brecha digital en nuestra sociedad?

Primero, es importante recordar que este no es un compromiso nuevo de WACC. Hace ya 30 años que WACC ha entendido que la comunicación, los medios de comunicación y la tecnología son espacios donde se manifiestan las divisiones en la sociedad y donde también, comunicadores y comunicadoras -también como personas relacionadas conla Iglesia-,tienen que ejercer, practicar, vivir la justicia social. Precisamente en ese sentido, hace 30 años,la WACCreconoció la presencia de grandes monopolios y concentraciones de propiedad de medios que van silenciando e invisibilizando a grandes sectores de la población. Algo que no solamente afecta a la cuestión política, sino también a la salud, la educación, la cultura popular, la identidad de los sectores marginalizados y excluidos.

Entonces, hoy, nuestros hijos tienen en sus computadoras, en sus teléfonos celulares, acceso a plataformas mediáticas más potentes de lo que tenían gobiernos enteros o incluso grandes conglomerados mediáticos hace 30 años. Ahora, cualquier joven tiene la capacidad de divulgar mensajes en un sentido antes inimaginable. La existencia del problema de acceso, de la brecha digital y de una realidad comercial de un sistema neoliberal; significa que el problema de la exclusión persiste. Por eso, en nuestro actual plan estratégico, nuestro enfoque plantea como lema «comunicación para todos y todas». Entre las tareas específicas tenemos que lidiar con la brecha digital.

¿Qué encarnación específica adquiere el problema de la brecha digital en países como los nuestros? En Argentina y América Latina,  grandes monopolios y sectores muy concentrados vinculados a las nuevas tecnologías y medios de comunicación, conviven con sectores populares «híper-tecnologizados» con manejo de leguaje y una sensibilidad particular para las tecnologías. ¿Cómo interpela esta realidad compleja el desafío del acortamiento de la brecha digital?

Precisamente, una de las características de este momento es una masificación de acceso individual a medios y a tecnologías. Eso es algo interesante, algo que celebramos porque realmente ha transformado las posibilidades de muchas comunidades y muchos individuos, el problema es que también se tiene que ver el aspecto colectivo: ¿qué posibilidad existe de ir armando reivindicaciones colectivas? Ir utilizando los medios para poner agendas en común, para poder hacer incidencia política, para exigirles cuentas y transparencia a las autoridades locales. Y esto presupone no solamente un acceso a muchos teléfonos celulares, sino también quiere decir que tenemos que utilizar nuestras voces de tal manera que por medio de radios comunitarias, de diferentes plataformas y de otras tecnologías específicas tengamos la posibilidad de rescatar el carácter comunitario de la comunicación. Esto es algo que enla WACCidentificamos como parte de nuestros principios éticos elementales.

¿Cómo ve los procesos de América Latina en relación a esta lucha por la democratización de la comunicación?

Definitivamente, han habido logros importantes. La nueva Ley [de Servicios de Comunicación Audiovisual] aquí en Argentina, la ley que tienen en Chile, la construcción en Uruguay, las luchas y experiencias en Brasil. Todas estas experiencias nos ilustran dos cosas: Que existe la posibilidad de ir armando marcos legislativos que, por ejemplo, la gente de las radios comunitarias siempre han querido para poder sentirse actor pleno en el colectivo de los actores en la comunidad. A la vez, vemos que la ley en sí corre el peligro de convertirse en un cambio cosmético si no viene acompañado con procesos de movilización y también el ejercicio real de la práctica de la democracia.

Una comunicación bien dada nos permite no solamente articular alternativas, sino también incluir experiencia. Es un espacio donde podemos contar nuestras historias  y esto es algo de fundamental importancia en un momento donde la gente siente un desencuentro consigo misma. Es un desencuentro a nivel muy personal, como que estamos cansados y estamos añorando volver a constatar que el cambio real es posible. Estos son sueños que tenemos que construir y nutrir colectivamente, a través de medios comunitarios.

Lo que dice se acerca, justamente, al momento que estamos viviendo en Argentina con la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Vamos experimentado con mucha crudeza como la aprobación de la ley no garantiza su aplicación y mucho menos la democratización de la palabra. Los logros conseguidos no alcanzan para nuevos avances y, al mismo tiempo, la movilización, el ejercicio de participación, que nos llevó hasta la ley no es el mismo que necesitamos para ir por más. Es algo que además se suma a que la fuerza de los intereses que quieren sociedades para pocos es mayor y sus ataques recrudecen frente a los avances democráticos.

Me remito a algo que mencionaron hoy [en el Seminario «Más democracia, menos brechas», realizado por WACC América Latina en febrero de 2014 en Buenos Aires], que fue muy sabio: estamos tratando de construir redes, redes que necesitan constantemente ser reparadas, fortalecidas, tejidas de nuevo porque es normal que se vayan dando pequeñas rupturas, contradicciones, y requiere de una enorme atención y energía ayudar a la gente a mantener vivo el compromiso con un sueño más allá de los pequeños sueños por la sobrevivencia.

WACC es una red que nuclea a cristianos comprometidos con la transformación social, con la democratización de la comunicación. Si tuvieras que poner, en pocas palabras, un desafío para esta red en los próximos cinco años, ¿cuál te parece que sería?

Pienso en dos desafíos. Primero, tenemos que fortalecer nuestra propia articulación interna porque las presiones tanto del mundo en el que vivimos como las presiones normales de la vida común requieren atención. Tenemos que fortalecer nuestra integración, nuestra identidad y nuestro sentido de formar parte de un proyecto común. En función de nuestra visión, “Comunicación para todos y todas”, el desafío más importante que tenemos para los próximos años es acrecentar, fortalecer nuestra capacidad de incidir. Eso quiere decir construir alianzas efectivas, entender que no somos un grupo sectario ni marginal, sino que tenemos muchos aliados y aliadas. Esa es la forma en que vamos a poder construir espacios e incidir tanto en el mundo gubernamental, como a nivel privado, con los grandes medios, y en el mundo académico. No podemos olvidar que tenemos que retomar el tema de la comunicación en nuestras instituciones religiosas, son cuatro esferas.

Desde las tradiciones latinoamericanas de la educación popular y la comunicación comunitaria, pero también desde nuestra formación en la fe cristiana, en diálogo aparece como un valor y un principio central. Sin embargo, nos damos cuenta de que la disputa por la democratización de las comunicaciones es fuertemente conflictiva, implica dar pelea y el diálogo no siempre es algo viable. ¿Se pueden congeniar diálogo y conflicto?

No puede haber diálogo sin conflicto. Tenemos un concepto equivocado del diálogo: El diálogo que se convierte en un intercambio formal de posturas y de retórica rimbombante. Tiene que haber un diálogo con franqueza donde pongo mis criterios sobre la mesa, esperando que la otra persona ponga sus criterios sobre la mesa. Eso tiene que generar conflicto, el desafío es saber cómo manejar y encauzar ese conflicto en un sentido constructivo.

Entrevista: Sebastián Prevotel – CENTRO NUEVA TIERRA

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