A 40 años del brutal asesinato, la imagen de Francisco «Pancho» Soares comienza a asomar con fuerza, abriéndose paso y dejando atrás tanto tiempo de silencio cómplice en el que varios sacerdotes y obispos callaron y miraron para otro lado.

Hoy forma parte de la Memoria Colectiva de su pueblo que lo acompañó y jamás lo olvidó, y con la colocación de la Baldosa en su memoria, le rinde un homenaje por haber sido fiel a los ideales del Evangelio y por haberse jugado, a pesar de las amenazas, en defensa de los trabajadores y obreros que luchaban por mejores condiciones laborales y por un país con más igualdad y justicia social.

América Latina ha sembrado cientos de religiosas y religiosos que, como Pancho, han preferido que les arranquen la vida antes de conservarla en pos de un servicio o ministerio que no tiene nada que ver con la realidad cotidiana de los sectores más pobres y vulnerables.

Francisco Soares era un sacerdote y militante comprometido que resistió junto a su gente, y esta opción es lo que lo convierte en un mártir, algo que a muchos les molesta.

En abril de 2012, con la representación del abogado Pablo Llonto, presentamos junto con Graciela Carrel, la denuncia sobre su crimen y el de su hermano ante el Juzgado Federal en lo Penal y Correccional Nº 2 de San Martín, en el marco de la mega causa Campo de Mayo por delitos de lesa humanidad.

Su frase era: «Si el grano de trigo no muere, no puede dar fruto.» Ese fruto podemos verlo hoy en su comunidad, que no dejará de exigir justicia por él y por su hermano Arnoldo. Continuar esta lucha es parte de nuestro deber como sociedad y como pueblo que camina por los senderos de la Memoria, la Verdad y la justicia.

Adriana Fernández