Desde el Centro Nueva Tierra y como cristianos –la mayoría católicos– con franca voluntad de construcción conjunta con todas las iglesias y credos y con todos los hombres de buena voluntad; queremos dar una palabra sobre el momento religioso y político que atraviesa nuestra sociedad en torno a la discusión por el proyecto de ley de matrimonio igualitario.
En nuestro posicionamiento del 26 de abril de este año dejamos en claro nuestro apoyo a esta iniciativa y a toda aquella que favorezca la igualación de derechos y la lucha contra la homofobia y todo tipo de discriminación. Consideramos urgente ampliar los derechos de los colectivos históricamente silenciados, ninguneados e invisibilizados y repudiamos todo tipo de argumentación que pretenda negar lo que es deber de justicia e inclusión.
Repudiamos los modos de intervención de los sectores reaccionarios del catolicismo en particular y de todo el campo religioso en general. La jerarquía de la Iglesia Católilca ha intervenido en el espacio público con argumentos foráneos a la discusión que la sociedad quiere y debe darse. El recurso a argumentos religiosos, al presunto “orden natural” y demás postulados que discurren por fuera de la historia y del crecimiento en ciudadanía son estrategias que pretenden, por fuera y por arriba de las reglas de juego de la democracia, abortar un debate y una ley necesaria. El diálogo que la jerarquía católica reclama brilla por su ausencia en estos grupos religiosos que se encolumnan para defender “un papá y una mamá para cada niño”. Vemos con preocupación la manipulación de los derechos de la infancia, cuando en nombre de su defensa se toman de rehenes a niños y niñas como punta de lanza para defender intereses corporativos. Al mismo tiempo, se ha recrudecido en los últimos tiempos la blasfema adjetivación discriminatoria y agresiva hacia nuestros hermanos y hermanas del colectivo LGBT por parte de estos sectores eclesiásticos. Esto exige urgente pedido de perdón y reparación.
Nos asombra la celeridad con que se inicia un juicio canónico por la libertad de pensamiento y la autonomía de conciencia cuando aún no ha sido objeto de pena canónica alguna –sí, en cambio, por parte de la justicia civil– el sacerdote Christian Von Wernich: cómplice de la tortura y desaparición de personas durante la dictadura. Del mismo modo continúan siendo demasiado largamente esperados los juicios y penas canónicas a otros dos clérigos condenados por la justicia: el sacerdote Julio César Grassi y el ex arzobispo de Santa Fe, Edgardo Gabriel Storni.
Creemos que las movilizaciones y manifestaciones están llamadas a realizarse en la huella de Jesús y su reino: ampliando la participación y la inclusión social y política en igualdad de derechos de los hermanos y las hermanas históricamente postergados por diversos motivos.
Ya otras veces en la historia la Iglesia Católica puso el grito en el cielo y llamó a escandalizarse ante conquistas de derechos y de dignidad humana. En nuestro país hemos presenciado con mucho dolor momentos en que la jerarquía eclesiástica se ha alejado del Evangelio y del pueblo jugando a favor de los intereses de unos pocos. El secreto, la presión solapada, el llamamiento al miedo, la defensa de un “orden natural” no tienen cabida cuando una sociedad apuesta por entero a la democracia. Ante marchas y sermones que empujan hacia atrás, que reproducen una y otra vez un cantar que la población en su conjunto ya no elige; invitamos a los cristianos a manifestarse a favor del matrimonio igualitario y en contra de las injusticias perpetradas en nombre de una lectura sesgada y nociva del Evangelio. También, a reclamar que cuestiones de este tipo sean dirimidas en los ámbitos que la democracia se da para eso: a la luz de lo público y con las herramientas y garantías que brinda el Estado. El Evangelio histórico, la construcción del reino, se va definiendo en esos senderos y en las acciones –tanto personales como colectivas– que testimonian un Dios que ama a todos por igual, invita a la justicia y apuesta a la libertad de sus hijos.
Centro Nueva Tierra