En el día mundial de la alimentación. Tres textos bíblicos, en tres tiempos que son el nuestro.
El hambre, en el Antiguo Testamento, libro de un Dios que busca enamorado a su pueblo, es una figura que interpela el vínculo del pueblo con su dios y consigo mismo.
Jesús en el Evangelio es claro sobre la encarnación de la responsabilidad colectiva e inmediata , personal y política, acción y decisión y proyecto: denles de comer ustedes mismos.
Y en el juicio definitivo, la piedad que cuenta es corporal, material, cotidiana, prójima y próxima: porque tuve hambre y me diste de comer.
Ni más ni menos. Vale tenerlo en cuenta, en el lenguaje directo en que puede y debe ser dicho, sin retoricas rebuscadas, sin circuitos cerrados que discutan escolásticamente o entre convencidos sobre el sexo de los ángeles o la seguridad o la soberanía alimentaria.
Que sea en todas las mesas, en los supermercados, en el diseño de un país productor e industrializador de alimentos, en los precios, en los salarios, en los programas d e promoción del campo con trabajo, en el derecho a comer bien, bueno , barato y bello.
En el derecho de todos a la mesa puesta.
Personal, Político, Proyecto, Posibilidad.
Acá y ahora.
El mundo y el país son una gran mesa donde todos deben tener lugar. Cada gesto que se encamine a ello estuvo, está, estará recogido en la luz del tiempo.
Con esa convicción, a seguir construyendo.
Vamos por mas felicidad.