La XXII Asamblea General de la Iglesia Metodista, reunida en Buenos Aires entre el 17 y 20 de junio, dió a conocer su Mensaje Oficial dirigido a las congregaciones de todo el país y al pueblo argentino.

 

Muy cercano a los albores de nuestra Patria, en 1836, la Iglesia Metodista se asentaba en estas tierras para crecer con ella hasta celebrar hoy sus 175 años de presencia y compromiso.

Nos hemos reunido bajo el lema “Jesucristo renueva en comunión y compromiso” para celebrar este aniversario con gratitud a Dios que en Jesucristo nos ha llamado a la fe y a la comunión en su Iglesia y para reconocer la fidelidad de todos aquellos hermanos y hermanas que en este peregrinaje dieron su testimonio y aún su vida sirviendo en nuestro país.

Al rememorar esta historia queremos renovar nuestro compromiso y comunión en este momento particular de nuestra patria. La ola neoliberal fue determinando la vida de nuestro mundo en las últimas décadas y afectando profundamente a los países latinoamericanos. Se instaló una concepción de sociedad que prioriza el lucro antes que  la gente  y  el rédito económico antes que el desarrollo humano, dañando así a toda la creación. Años de dolor, opresión, muerte y desprotección fueron afectando la vida de nuestro pueblo.

Gracias a Dios, vientos de cambio están soplando en el continente en la búsqueda de una sociedad más democrática al servicio del pueblo. Es una tarea que reclama la participación de todos para que se consolide la paz, la justicia y la verdad y donde la economía esté al servicio de una más justa distribución de bienes.

“La historia y la sociedad son escenarios de la acción de Dios”, afirma nuestra Iglesia en sus Principios Sociales, como un desafío a estar presente en la vida de nuestro país con nuestra oración, reflexión y participación.

En las vísperas de elecciones presidenciales es importante que se afiancen los valores de la democracia, que tanto han costado, sobre las divisiones y los intereses sectoriales. Este es un tiempo de diálogo pero también de polémica, donde muchas veces priman antagonismos y descalificaciones. Ejercer el derecho democrático del voto es motivo de alegría pero también es necesario que se ejerza el desarrollo de ciudadanía para fortalecer la vida democrática.

En esta desafiante búsqueda Dios nos llama en Jesucristo a la comunión y el compromiso con  toda nuestra Nación para construir una sociedad más justa y solidaria.

“Así que, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios, que se entreguen ustedes mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios. Este es culto espiritual que deben ofrecer” (Romanos 12:1)

 

XXII ASAMBLEA GENERAL DE LA IEMA

Buenos Aires, 20 de Junio de 2011