Sobre la muerte -que nos deja sin palabras- ponemos, sin embargo, palabras. Eso, esa dificultad inmensa y esa imposibilidad que desafiamos es lo que nos da historia y nos hace humanos. También sobre esa dinámica, creo, se funda la naturaleza de nuestro propio silencio. Y aun así, necesitamos las palabras . Tres o cuatro cosas que pensé y que, bien o mal, me dan ganas de decir. Con los riesgos que conlleva el avance permanente de la trivialidad, el embrutecimiento y la insignificancia que, finalmente y tambien, sólo con palabras podemos enfrentar. Tres o cuatro cosas, mientras miro – en el Facebook- comentarios y expresiones. Signo de los tiempos, procesar la muerte por alli. Donde la banalidad amenaza Tres o cuatros cosas escribi en el «muro», mientras leo expresiones de gente que no conozcoy sin embargo me siento cerca en este brete. Primero, mi impulso, la foto emblemática que está mas abajo. Varias veces pensé, dije, escribí y compartí esto con otros: esta etapa, que lleva el nombre de este hombre, como elogio o escarnio, pero lo lleva, ha sido, para toda una generación, una etapa de entrada a la adultez política. Por varias cosas. Una de ellas, nada menor, iniciática y con una carga ritual como pocas pudimos ver en estos años: bajar los cuadros del miedo, del tiempo en que eramos niños y crecimos. Los monstruos de la infancia, poder dejarlos atrás. El miedo. El gesto que plasma en lo público el enfrentar al miedo, recapitula luchas, los miedos mismos y la fuerza para atravesar los fantasmas. Segundo: lo real. Lo que vino después, 2008. Conflicto, límites, crudos, sabor de derrota, persistencia, tozudez, inteligencia. Encantarse, asumir, enamorarse también de lo que nos decepcionó. La historia misma, encantada con lo real de la vida y los límites, la fuerza y la legitimidad no resignada de lo subóptimo. La política, con minúscula humana y como mayúscula tarea. Lo colectivo, con sus limitaciones. Y en algun punto con su imposibilidad. Y la utopía: en su lugar. Ahí donde invite y prometa, pero sin ese despliegue infantil que mata al camino. Ahi donde no sea sueño paralizante y destituyente del presente y la decisión. Todos gestos, sino de adultez, seguramente sí de adolescencia que se deja atrás. La muerte de los referentes es más aun que una invitacion a la adultez: es señal de que el tiempo de asumirla plenamente tiene una premura que se torna exigencia. No ya posibilidad, sino condición de la propia vida. En este caso, personal, y colectiva. Eso, creo, tiene que ver con algún significado que para mi toma esta foto de los cuadros, hoy. Después, pensé tres o cuatro cosas cortas: Que hoy era un día para quedarse en CASA. Pero se vuelve un dia para salir a las CALLES. Hoy contamos CUANTOS SOMOS. Deberemos saber tambien HACIA DONDE VAMOS. Que tantos que hoy «no lo podemos creer» somos también LOS QUE VOLVIMOS A CREER. Por eso, seguir andando. Y un sentimiento de agradecimiento por eso. Y que hoy, justamnte hoy que el ESTADO nos cuenta, tambien es un día para decirle al país que CUENTA CON NOSOTROS. Pienso entonces, creo que, sin duda, es un dia que tiene que ver con los CUADROS que necesitamos y estamos llamados a ser y hacer. Para seguir andando. Y crecer. La historia invita.