Entrevista a Jean Baptiste Cousin, responsable del Servicio para América Latina del Comité Católico Francés contra el Hambre y por el Desarrollo

Entrevistamos al responsable para América Latina del Comité Católico Francés contra el Hambre y por el Desarrollo (CCFD Terre Solidaire), entidad que apoya en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay el Programa Mercosur Social y Solidario. Jean Baptiste Cousin comparte su mirada de la solidaridad internacional hoy y los posicionamientos del CCFD en el contexto actual. Le preguntamos también por el funcionamiento del CCFD Terre Solidaire como movimiento ciudadano y sus apuestas para esta etapa, a más de 50 años de su fundación.

 

El CCFD cumplió hace poco 50 años de vida. ¿En qué lugar se ve hoy en relación a la sociedad francesa y al conjunto de la cooperación internacional?

El CCFD es una organización pequeña. Cuando comparamos el CCFD con otros actores similares en Europa podemos ver que es bastante pequeño, sobre todo teniendo en cuenta la posición de Francia en la comunidad europea en términos de población, por ejemplo.

Pero tiene una identidad particular. Una de ellas es que la gran mayoría de los fondos del CCFD viene de fuentes privadas, cuando en la mayoría de las demás organizaciones éstos vienen de fuentes públicas. Hicimos la opción de no buscar muchos fondos públicos para seguir siendo autónomos. Entonces, nuestra relativa pequeñez en tamaño se compensa con nuestra autonomía. A veces, organizaciones más grandes que nosotros, no pueden hacer o decir lo mismo que nosotros. La otra es que es una organización con una fuerte base social.

 

¿Y en que lugar se ve el CCFD, en este momento, en relación a la Iglesia Católica?

Hace unos días, salió un muy buen reportaje en la televisión pública de Francia sobre los 50 años del Concilio Vaticano II y su balance en la Iglesia francesa. Fue un reportaje bastante crítico respecto a la actualidad. Sin embargo, al final, decía que unas de las organizaciones en la Iglesia francesa qué más sostiene las posturas que salieron del Concilio Vaticano II es el CCDF. Creo que es algo muy acertado.

El CCFD es una organización que está dentro y fuera dela Iglesiala vez. Entendiendo a Iglesia como la comunidad de los creyentes y no sólo como la institución.

El CCFD está dentro porque ha sido promovido por la conferencia episcopal francesa, creado por los movimientos de la Acción Católica franceses y, además, muchos de los que apoyan financieramente o se dedican a actividades en el CCFD son personas muy ligadas a la Iglesia. Uno se encuentra incluso con voluntarios que dicen que, para ellos, la manera de vivir su fe es participar en el CCFD.

Digo también que está afuera de la Iglesia porque el CCFD trabaja en Francia con los ciudadanos de buena voluntad en general y no solamente con los católicos. Por supuesto que si alguien es alérgico a lo religioso y al catolicismo difícilmente podrá encontrar su lugar dentro de nuestra organización.

Igualmente, en el trabajo que hacemos con organizaciones de Asia, África y América Latina, no estamos buscando relacionarnos forzosamente con organizaciones católicas. Buscamos trabajar con organizaciones que defienden las mismas posturas que nosotros. A veces son organizaciones católicas pero a veces no lo son. Nos interesa, más bien, que puedan responder con nosotros a la problemática a la cual queremos dar respuesta.

 

En el ámbito de la solidaridad internacional y en las propuestas para el desarrollo en general existe una tensión entre las miradas técnicas y humanitaristas ­–en su versión tecnocrática y “antipolítica”­– y las miradas que buscan soluciones estructurales considerando fuertemente la participación popular y el involucramiento democrático. ¿Cómo impacta esta tensión en el perfil del CCFD?

Existe en Francia un sector muy fuerte de organizaciones que llamamos humanitarias. Éstas trabajan sobre situaciones de emergencia mientras nosotros trabajamos sobre situaciones de desarrollo. Pero además, cuando ellas se quieren identificar dicen “nosotros no hacemos política”. El CCFD es todo lo contario: sí hace política. No me refiero a apoyar a algún partido político ­–eso no nos interesa para nada­. Sino, más bien, estar con las organizaciones con las que estamos efectivamente, trabajando por un mundo diferente, mejor y más justo, con valores muy ligados ­­–explícitos o no­– al Evangelio. Política en el sentido de meterse en los asuntos de la polis, de la sociedad.

Para nosotros es muy claro, entonces, que no estamos interesados en asuntos de partidos políticos pero sí estamos construyendo una nueva sociedad. Por lo tanto, estamos haciendo política.

Nos queda muy claro, también, que nuestro papel en Francia es sumamente político. Por ejemplo, cuando vamos con el gobierno o los concejos regionales franceses a exigir que no se trabaje más con bancos vinculados a paraísos fiscales, es una acción pública política.

Eso es algo que no se discute en el CCFD. A veces, desde fuera, algunos nos lo pueden reprochar, pero está muy claro para nosotros.

 

¿El ser cristiano influye en el modo en qué el CCFD asume su opción política?

Sí, en la medida en qué los católicos en Francia son plurales. Encuentras una mayoría a la derecha, pero también otros que están en el centro y la izquierda. Eso hace que tú no te puedas posicionar en las cuestiones ­de los partidos políticos en Francia. Sí te posicionas sobre los programas y las propuestas pero no sobre la definición concreta del voto, por ejemplo. Esa es una primera gran mirada.

La segunda mirada implica ver que estamos muy marcados por la opción preferencial por los pobres y la búsqueda de justicia. Hace un mes recibimos a Gustavo Gutiérrez en el CCFD y nos habló sobre la opción por los pobres como algo que no es opcional.

Participamos de una corriente del catolicismo en Francia que promueve la participación política, sabiendo que la fe no es antinómica con la política, sino todo lo contrario.

 

¿Cómo se llevan con ustedes los distintos sectores de la Iglesia Católica?

Hay una parte de los católicos que son muy conservadores y no les interesan las opciones defendidas por el CCFD. De hecho, somos el blanco de ataques constantes de católicos integristas que nunca aceptaron el Concilio Vaticano II.

De todos modos, la gran mayoría de los católicos en Francia recibe con bastante beneplácito las posturas del CCFD. Puedes ser de derecha o de izquierda y estar muy de acuerdo con que las empresas deban pagar impuestos para que los países puedan atender las necesidades de su gente. Son cosas que rebasan las diferencias políticas.

Uno de los aspectos donde la Iglesia está muy adelantada es en la cuestión de la inmigración. En países donde tenemos un racismo extendido y una ultraderecha muy fuerte que se cristaliza frente a posiciones de rechazo a los migrantes, la Iglesia tiene en su conjunto una postura muy fuerte. Su discurso dice que las fronteras deben estar al provecho de la comunidad humana, que somos seres humanos antes que ser de algún país. Eso nos ayuda mucho a tomar posturas progresistas dentro de la sociedad francesa porque sentimos que está dentro de nuestra cultura católica y cristiana.

Si bien la iglesia institucional tiene a veces una visión profética sobre las cuestiones de migraciones, en otros temas puede haber tensiones. Como, por ejemplo, lo que está relacionado con los temas de “sociedad” y particularmente las cuestiones ligadas al “genero”. Es nuestro papel, dentro de la Iglesia Francesa, de promover posturas valientes en torno a esas temáticas.

Pero en todo el trabajo que hacemos, por ejemplo en las colectas, no ponemos la religión por delante pero sabemos que mucha gente apoya al CCFD porque somos católicos.

 

En el CCFD se definen como un movimiento ciudadano conformado por distintos movimientos y por 15 mil voluntarios. ¿Cómo es, en la práctica, la relación entre ellos?

Como ya dije, CCFD fue fundado por movimientos vinculados ala Acción Católica en Francia. El propósito fue hacer un instrumento que estuviera en las manos de las organizaciones católicas sociales y no una organización más. Eso fue hace 50 años. De hecho, hasta hace dos años, la asamblea general del CCFD estaba compuesta nada más por los representantes de esos 23 movimientos.

Aquellos movimientos que eran muy fuertes hace 50 años ahora ya no representan a mucha gente. De más en más, el CCFD tiene voluntarios que no necesariamente participan en movimientos de acción católica. Algunos sí, pero la gran mayoría no. Entonces, se hizo una reforma en los estatutos del CCFD y se decidió que en la asamblea general participen los representantes de los movimientos de acción católica, pero que también haya una representación territorial de los voluntarios. Eso cambió mucho las cosas. Por ejemplo, en la asamblea general del CCFD, en lugar de haber 20 personas con un mandato más o menos claro de sus organizaciones, te encuentras con personas que fueron electas por las bases y ratificados en las diócesis y las regiones para ser representantes en la asamblea. Estamos entrando en un periodo de dinamismo democrático en el CCFD que está cambiando con la mecánica bien aceitada que teníamos hasta ahora. Hoy se dan discusiones de fondo en la asamblea general que no siempre existían antes cuando sólo estaba la representación de los movimientos.

Muchos lo dicen y nosotros estamos muy concientes de ello, por eso lo cuidamos tanto: hoy, la riqueza del CCFD más que en su presupuesto está en esa red de voluntarios.

Este año hicimos el ejercicio a partir de las cuentas anuales, como lo permite la ley francesa, de hacer una valoración muy precisa de los aporte de los voluntarios. El CCFD cuenta con el trabajo asalariado equivalente a 150 tiempos completos. Sin embargo, los voluntarios representan además más de 305 tiempos completos. Es decir, si no estuvieran los voluntarios implicados en el trabajo que estamos haciendo, necesitaríamos tener 350 asalariados más. Entre ellos, hay gente que le dedica un par de horas al CCFD en año pero hay otros que están casi tiempo completo en las actividades.

Eso es interesante por que el CCFD ha sido concebido inicialmente como una organización que tenía que ayudar a otras y actualmente, cada vez más, tiene esa doble identidad: por un lado, de agencia financiadora con empleados; también, de movimiento ciudadano. Tenemos ahí un dialogo muy rico y muy complejo. Esa complejidad es la riqueza de la dialéctica entre la parte asociativa y la parte ejecutiva que involucra a los asalariados.

 

¿La apertura del juego democrático hacia adentro hace que sea posible una conflictividad productiva para la construcción de la organización?

Sí. Debemos prever mucho trabajo de acompañamiento y formación para que los voluntarios que tengan que ocupar cargos y responsabilidades tengan las herramientas para desempañar bien las funciones que se les están confiando.

El CCFD, cuando está con otras organizaciones del “sur” asume esa doble identidad. Tiene la postura de agencia financiadora pero también la postura de movimiento ciudadano. Es algo que hemos empezado a trabajar mucho en los dos últimos años y va a ser una de nuestras tendencias en los años siguientes.

Regreso con esto a la pregunta sobre la mirada tecnocrática del desarrollo: Es probable que vayamos a ir minimizando ese aspecto para tener un diálogo de sociedad civil a sociedad civil y ya no de financiador a beneficiario. A lo mejor, éste último no ha sido nunca el rasgo predominante del CCFD pero sí ha estado presente en cierta medida.

 

¿Como ve eso teniendo en cuenta que muchas de las organizaciones y movimientos del “sur” han construido su identidad y mantienen su relación con la cooperación internacional desde el punto de vista de la relación financiante-beneficiario? ¿Cómo piensan trabajar eso?

Hace poco le decía a unos compañeros, en una reunión de trabajo, que las organizaciones que no estén interesadas en un diálogo de sociedad civil a sociedad civil, pero sí en el dinero para sostener sus actividades, para nosotros no tienen futuro en las relaciones de lo que llamamos partenariado.

En América Latina, el crecimiento económico de la mayor parte del bloque del Conosur hace que estemos viviendo un escenario muy novedoso. Por ejemplo, Brasil dedica más dinero a ayudar a otros países que el que recibe de la cooperación internacional. Podemos imaginar que algunos países como Brasil y Argentina, si siguen así, dentro de 20 o 30 años van a alcanzar el nivel de producción económica de varios de los países europeos. Entonces, aquella idea presente en los tiempos de creación del CCFD (sobre la existencia de países pobres y países ricos, y sobre el deber de los países ricos en su mayoría cristianos de ayudar a los países pobres) casi está desapareciendo.

Hay algo que está cambiando y que se va a jugar en los próximos 20 o 30 años. Vamos a pasar a una cooperación en donde el dinero lo trae el norte para ayudar al “sur” a una cooperación de sociedad civil del “norte” a sociedad civil del “sur” para juntos construir otra cooperación. Todavía en los próximos años el financiamiento va a venir del norte, pero tarde o temprano serán las dos contrapartes las que tendrán que poner el dinero para sostener sus actividades.

 

En América Latina el desafío de la distribución de la riqueza se hace más presente a medida que avanzan los índices de desarrollo. ¿Le parece que se pueden construir alianzas para trabajar en eso? Porque es una cuestión que se define en la posibilidad de construir una disputa política.

Si el gobierno francés –y también la sociedad civil francesa– distribuye una parte –muy limitada– de los impuestos que todos pagamos para las ONG y otras organizaciones de la sociedad civil, porque están asumiendo tareas de política pública, no lo hace por benevolencia. Lo hace porque las organizaciones francesas supieron luchar y organizarse para entrar en diálogo con las autoridades para lograr eso. Y siempre lo tenemos que pelear. Le toca también a la sociedad civil organizada de América Latina hacer lo suyo con sus gobiernos.

Pero tampoco hay que descartar que en la medida en que aparezcan clases medias en esos países, habría que ver de qué manera éstas participan en verdaderos esquemas de sociedad civil organizada, no necesariamente en obras filantrópicas de beneficencia social.

 

¿Cómo ve el CCFD el compromiso de los jóvenes con la opción preferencial por los pobres, el trabajo solidario y desarrollo estructural de los pueblos?

Hace aproximadamente cinco o seis años, nos preocupamos al ver que de las 15 mil personas que conformaban la red voluntarios del CCFD, el 90% tenían más de 50 años. Esto era así porque es la gente que tiene tiempo para involucrarse es en general la que está jubilada o pre-jubilada. Y, también, porque el CCDF no llegaba a los jóvenes de manera directa. Sí trabajaba con los niños en las aulas, las escuelas, las parroquias. Pero para los jóvenes (digamos, aquellos que pasaron su adolescencia y llegan hasta los 30 o 35 años), el CCFD no tenía propuestas. Entonces, hicimos un trabajo muy interesante de investigación durante un año para lanzar una estrategia dirigida a jóvenes.

Aunque Francia es el país más joven de Europa en términos de población, en general somos países en donde los mayores de edad están siendo mayoría. En términos de votos, pero también de pensamiento: Está instalada la idea de que los jóvenes no se interesan por el compromiso y la solidaridad, que están despolitizados y no quieren participar de espacios organizativos.

Al contrario de esta mirada, en nuestro estudio obtuvimos resultados muy interesantes. Primeramente, vimos que la generación más interesada por la solidaridad internacional era aquella con la que menos trabajábamos: los jóvenes. Otra cosa que vimos es que generaciones anteriores, por ejemplo aquellos que nacieron en los años 60 como yo, decidían involucrarse en una organización para cambiar el mundo; pensaban que para lograrlo había que pasar por la articulación asociativa o institucional. Los jóvenes de hoy tienen otra postura: “si yo cambio, el mundo va a cambiar”, dicen.

Así, te encuentras con situaciones muy particulares. Por ejemplo, así como uno hace sus compras en el supermercado porque no tiene tiempo para otra cosa, pero participa en todas las organizaciones ciudadanas que puedan; los jóvenes no participan en ninguna organización pero no van a comprar sus cosas al supermercado, las compran en el comercio justo, directamente al productor. Ellos tienen una coherencia muy fuerte entre el pensar y el actuar. Son cosas a las que no estamos acostumbrados. Se trata de dos maneras muy diferentes de concebir la solidaridad y el compromiso.

El voluntario adulto del CCFD se incorpora en una estructura dispuesto a respetar todo un conjunto institucional. Al joven no le interesa tanto eso como una actividad donde pueda demostrar que está haciendo algo para que el mundo cambie. En función de eso, hemos desarrollado una estrategia de trabajo con jóvenes que empezó ya hace un año y medio. Por ejemplo, durante la última anti-cumbre del G-20, en 2011 en Niza (Francia), el CCFD logró reunir a 120 jóvenes entre los 300 voluntarios que participaron. Eso es algo totalmente nuevo para nosotros. Aunque no siempre conviven, intentamos que haya puentes entre las dos generaciones.

Los jóvenes quieren hacer actividades y proyectos. Si bien uno puede pensar que su mirada está en el corto plazo, porque muchas veces entre el estudio y el trabajo no tiene una planificación de lo que va a hacer el año siguiente y dónde va a estar, existe un interés por involucrarse en una sucesión de pequeñas acciones que se despliegan en el mediano plazo. Por supuesto, quizás ahora es con el CCFD y el año próximo a lo mejor va a ser con otra organización porque les gustó cierta temática.

 

¿Cómo ven los jóvenes que trabajan con el CCFD a los jóvenes de América Latina?

Los jóvenes con los que trabajamos –que desde ya no son la mayoría de los jóvenes de Francia– tienen una mirada fuertemente internacional de la ciudadanía. Para ellos, las problemáticas de fronteras y la cuestión de los migrantes, por ejemplo, no tiene el mismo significado que para los adultos y las personas mayores. Ellos se entienden ante todo como seres humanos en el planeta tierra. Entonces, desde ahí, están muy dispuestos a la alianza y la articulación con otros jóvenes.

Hace dos años hicimos un encuentro de jóvenes e invitamos a algunos jóvenes de América Latina. Uno de ellos, un joven chileno, estaba sorprendido de cómo los jóvenes franceses que estaban en el encuentro estaban “inmersos” en el mundo: Sabían tanto de Chile como de África y de Asia. “Los jóvenes de Chile no sabemos nada de Francia”, decía el chileno. Lo que llamaba la atención a los jóvenes franceses era la cultura política de los latinoamericanos.

 

¿Cómo ven desde el CCFD las iniciativas y dinamismos sociales, políticas, económicos en América Latina en un momento en que Europa se sumerge en el ajuste y la ortodoxia económica?

El crecimiento de América Latina y de algunos países emergentes va a hacer que tarde o temprano nos preguntemos por qué seguimos “ayudando” a esos países que ya no pueden ser caracterizados como pobres. Tenemos ahí un trabajo de convencimiento por delante: comprender que no vamos a trabajar con otros países y sus organizaciones porque son pobres si no porque ellos nos van a ayudar a tejer alianzas para, aquí y allá, ir cambiando el mundo.

Actualmente estamos viendo lo que pasó en América Latina con los planes de ajuste estructural porque en Europa lo estamos viviendo en este momento. Ese acercamiento de las situaciones económicas, pero también de las situaciones sociales, hace que, cada vez más, los europeos tengamos una mirada primero sorprendida y luego de curiosidad sobre lo que está pasando en América Latina: la reducción de la deuda externa, reservas multimillonarias, superávits, tasas de crecimiento positivas, etc. Estamos poniendo nuestra mirada sobre América Latina, ya no como el continente de las oportunidades perdidas, si no como el continente en un escenario nuevo que tal vez tiene algo que enseñarnos. Observamos con bastante interés, por ejemplo, la pugna entre los gobiernos liberales conservadores de un lado y los gobiernos progresistas del otro; como enfrentan la situación global y como intentan relanzar iniciativas soberanas en Latinoamérica, como intentan liberarse del yugo del FMI y otros organismos externos.

En un momento en que en qué países de América Latina discuten la incorporación en su constitución la noción del buen vivir, nosotros discutimos cómo protegernos del déficit! Son planteamientos y visiones muy diferentes: en uno, hay de por medio una reflexión –con límites quizás, que puede ser criticada– que dice que lo más importante es de lograr vivir bien; en el otro, lo único que nos preocupa para nuestra constitución es poner una regla de oro que nos permita que los mercados sigan comprando nuestros bonos de deuda. Se trata de dos dinámicas muy diferentes. A lo mejor, cada vez más, tengamos que aprender de América Latina.

 

Visto desde el punto de visa de las relaciones sur-sur, para América Latina también es importante hoy aprender de América Latina. Entran en juego en ese campo experiencias como la del Programa Mercosur Social y Solidario, apoyada por el CCFD. ¿Cómo ven esta iniciativa?

El Programa Mercosur Social y Solidario es un programa fuera de lo común por varias razones. Es un programa multi-actores: no se trata de la vieja idea de financiamiento en la que uno tiene claramente a un financiador y un beneficiario, sino que se apoya a un conjunto de actores. Es un programa con fuerte subsidiaridad: se aprueba desde el CCFD un presupuesto para su apoyo pero finalmente, en el detalle, son los actores –que conocen mejor la situación– quienes deciden, en dialogo con el CCFD, dónde poner las fuerzas. Es una propuesta diferente para el CCFD y nos toca hablar de esa nueva forma; a lo mejor es el futuro de la cooperación.

En lo personal, veo con mucho aprecio una apuesta colectiva que quiere generar algo más allá de la suma de las apuestas individuales. Y en donde hay un tipo de dialéctica entre lo colectivo y lo institucional.

Valoro también un proceso en el cual las organizaciones han logrado en muy poco tiempo pensar ya no en escenarios nacionales, sino en escenarios regionales, una reflexión del bien común a nivel del Conosur.

Tengo personalmente mis dudas sobre la posibilidad de un trabajo de incidencia sobre el MERCOSUR institucional porque no veo bien lo que va a pasar con éste. Sí me parece muy importante que actores de la sociedad civil del Conosur vayan pensando cuál es el proyecto de integración regional que necesitan o que desean. Eso hace mucho eco con las reflexiones que podamos tener en Europa sobre el modelo de integración regional tenemos o deseamos tener.

 

Respecto a la incidencia, ¿ves que hay que orientar las estrategias hacia otras instancias o estás planteando que hay que pensarla de otro modo?

Hay otras instancias pero también hay otras redes que se preocupan. La identidad del Programa Mercosur Social y Solidario tiene que ver con el Conosur. Hay un trabajo que hacer en ese sentido. Sin embargo, no conozco lo suficiente el contexto para dar una opinión válida en ese sentido. Estoy observando y escuchando.

 

¿Cómo ve el trabajo de educación popular en América Latina y qué relación tiene con las iniciativas de educación para la solidaridad y el compromiso que llevan adelante en Francia?

En los últimos 50 años, tanto las organizaciones del norte como las del sur hemos invertido muchísimo tiempo y recursos, a veces sangre y lágrimas, en esfuerzos de formación y educación popular. Aunque en los años noventa hubo un momento en que eso se cuestionó, lo que está pasando en América Latina, esa insurgencia de gobiernos progresistas, aunque a veces neo-desarrollistas, no puede ser separado de un trabajo de fondo –en el que la iglesia tuvo una parte sumamente importante– de formación de cuadros. Las cosas que pasan en América Latina no se dan por si solas; hubo un trabajo de 50 años de preparación y fortalecimiento de la sociedad civil para que las cosas cambiaran.

Como decía al principio, una de las dos misiones del CCFD y en la que dedica finalmente la mayor parte de sus recursos humanos, son las acciones de educación para el desarrollo y solidaridad internacional en Francia. Es un trabajo de educación no formal, principalmente con adultos y con jóvenes, que se acerca mucho a la metodología de la educación popular. A veces cuidamos usar esa denominación en Francia porque todo lo que es popular no siempre suena bien en la iglesia o en relación al panorama político (como las democracias populares o las república populares). Y también porque es un término muy institucionalizado por el gobierno en Francia.

En realidad, lo que estamos haciendo en Francia es promover que las personas sean actores de su provenir, participen de la vida política y vivan de manera plena su ciudadanía. Es un trabajo muy similar al que hacen la mayor parte de las organizaciones con las que trabajamos en América Latina. Creo que podríamos aprovechar mejor las relaciones para trabajar como pares en búsqueda de más éxito en nuestras estrategias educativas y organizativas. Ahora lo estamos reflexionando mucho en el CCFD en relación a la parte educativa. Si no fuera por el límite del idioma, podríamos desarrollar más cooperaciones entre el trabajo educativo del CCFD y muchas organizaciones de América Latina.

 

¿Entienden la formación como “poner en forma” actores?

Hacer que la gente tome el destino en sus propias manos y se vuelva actor, no objeto de su destino. Es algo que trasciende todo lo que se hace en Francia en términos de educación para el desarrollo. No siempre lo logramos pero es algo que atraviesa la visión de lo que queremos hacer. Todo lo que les estoy contando aquí es parte de perspectivas y visiones personales que intento defender y hacer crecer en el CCFD. Son generalmente muy bien recibidas por la red de voluntarios del CCFD, que anhela ese otro tipo de cooperación. Sin embargo, debemos ser cuidadosos con otra parte de nuestra base social, quienes hacen las donaciones para apoyar proyectos. Eso es todo un proceso. La gente, cuando recibe en su buzón una carta del CCFD diciendo que necesitamos dinero para la construcción de un mundo más justo, no lo va a dar de manera espontánea para apoyar un programa con las organizaciones del MERCOSUR, sino para que niños dejen de morir de hambre, campesinos pendan comer y vivir de su producción, para cosas mucho más concretas.

Eso es todo un debate hacia adentro del CCFD: Cómo acompañamos una transición entre lo que somos ahora y lo que queremos ser. Forma parte de una agenda para los 30 próximos años.

 

¿Ya se están planteando esa agenda?

En este momento estamos realizando un proceso de reflexión sobre el próximo informe de orientación para la programación del CCFD. Estamos haciendo un trabajo de prospectiva para pensar en qué sociedades vamos a estar dentro de 30 años y preguntarnos cómo vamos a trabajar en esos escenarios. Es algo que va caminando lentamente pero que efectivamente está en la agenda de las organizaciones del CCFD.

 

¿Cuál es para usted el mayor logro del CCFD en los últimos tiempos?

No sé, tal vez el trabajo en relación a la temática de los paraísos fiscales. Durante años, nuestra preocupación fue que los países ricos pusieran su porcentaje de ayuda al desarrollo. Nos dimos cuenta de que son migajas en comparación con la evasión y los activos ilícitos vinculados a los paraísos fiscales. Pagando efectivamente los impuestos que se evaden se lograría recaudar 10 veces más dinero que el que indica la ONU para terminar con el hambre en el mundo.

El CCFD lanzó en 2011 una campaña de movilización para la erradicación de los paraísos fiscales. Logramos poner el tema en la agenda del gobierno y la sociedad francesa con la promoción de una medida muy justa: que las empresas transnacionales vayan pagando sus impuestos en donde estén radicadas. Aunque todavía está en camino su implementación, hubo avances. Es una temática muy popular ahora en Francia.

 

Jean Baptiste y el CCFD

¿Cuál es su rol actual en el CCFD, qué está haciendo y cómo lo está viviendo?

El CCFD tiene dos grandes objetos sociales. El primero, apoyar a organizaciones de la sociedad civil en países del “sur” en el marco de iniciativas de desarrollo y cooperación. El segundo, no menos importante, el trabajo de educación orientado a fomentar la proactividad de los ciudadanos franceses hacia la solidaridad internacional.

Mi trabajo se desarrolla sobre todo en la primera línea, coordinando el Servicio América Latina. Somos cinco las personas que trabajamos allí.

En mi trayectoria he sido voluntario en la sociedad civil francesa, he trabajado en organizaciones sociales en México durante unos 15 años y, también, trabajé en el CCFD en la parte de educación a la solidaridad internacional. Desde esa perspectiva, me llama mucho la atención que en casi 25 años el trabajo que hacen las contrapartes del CCFD en el “sur” es el mismo que hace el CCFD en Francia con su red voluntarios. Un trabajo de concientización y educación para la ciudadanía pero, en el caso nuestro, con un enfoque hacia lo internacional, mientras otras organizaciones abordan temáticas como soberanía alimentaria, jóvenes, mujeres.

Concibo mi rol de cara a hacer crecer la inquietud de que no haya tanto un norte separado de un sur en el mundo, entendiendo que norte y sur están dentro de nuestros países también y se necesita trabajar sobre alianzas para la construcción de un modelo con más justicia.

¿Qué el CCFD Terre Solidaire?

El CCFD es una asociación francesa compuesta por 28 movimientos y servicios de Iglesia. Una estructura permanente de 170 empleados, en París y en región, está encargada de implementar las misiones del CCFD. Esta moviliza una red de 15 000 voluntarios repartidos en 99 comités diocesanos.

El CCFD ha recibido dela Conferenciade los Obispos de Francia, la misión de movilizar la solidaridad de los cristianos, en particular durante el período de Cuaresma, para hacer más viva la solidaridad entre los pueblos actuando por el desarrollo. Para llevar a cabo esta misión, apoyando las iniciativas de desarrollo y sensibilizando la opinión pública a la solidaridad internacional.

El CCFD acompaña y apoya en todo el mundo la construcción de redes y fortalecimiento de actores locales que trabajan de manera articulada para el desarrollo y la transformación estructural de las sociedades.

 

 Entrevista: Sebastián Prevotel – sprevotel@nuevatierra.org.ar