Úlitima entrevista al Cardnal Carlo Maria Martini SJ, publicada en Correo de la Tarde, el 1º de septiembre.

«La iglesia se ha quedado atrás 200 años»

Georg Sporschill SJ / Federica Radice Fossati Confalonieri.
Traducción: Nicolás Damin – Programa Sociedad, Cultura y Religión del CEIL/CONICET

El Padre Georg Sporschill, el hermano jesuita que lo entrevistó en Conversaciones nocturnas en Jerusalén, y Federica Radice se encontraron con Martini el 8 de Agosto: “Una suerte de testamento espiritual. El cardenal Martini leyó y aprobó el texto”.

 

¿Cómo ve usted la situación de la Iglesia?

La Iglesia está cansada, tanto en la Europa del bienestar como en América. Nuestra cultura está envejecida, nuestras iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y el aparato burocrático de la Iglesia levita, nuestros ritos y hábitos son pomposos. ¿Estas cosas expresan lo que somos? (…) El bienestar pesa. Nos encontramos ahí, como el joven rico que triste se fue cuando Jesús lo llamó para ser su discípulo. Sé que no podemos dejar todo con facilidad. Cuanto menos podemos buscar hombres que sean libres y más cercanos al prójimo. Como lo fueron el Obispo Romero y los mártires jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están los héroes que nos inspiran? Por ninguna razón debemos limitarlos a los límites de la institución.

 

¿Quién puede ayudar a la Iglesia hoy?

El Padre Karl Rahner usaba la imagen de las brazas que se esconden bajo las cenizas. Veo en la Iglesia de hoy tantas cenizas sobre las brazas que ha menudo me invade una sensación de impotencia. ¿Cómo se pueden liberar las brazas de las cenizas de modo en que se pueda revivir la flama del amor? Primero tenemos que buscar el fuego. ¿Dónde están las personas llenas de la generosidad del buen samaritano, que tienen Fe como el centurión romano, que son entusiastas como Juan Bautista, que se atreven con lo nuevo como Pablo, que son fieles como María de Magdalena? Aconsejo al Papa y a los Obispos buscar doce personas fuera de línea para los puestos de dirección. Hombres que estén cerca de los más pobres y que estén rodeados de jóvenes y que experimenten cosas nuevas. Necesitamos la comparación con hombres que ardan para que el espíritu pueda difundirse por todos lados.

 

¿Qué instrumentos recomienda contra el cansancio de la Iglesia?

Recomiendo tres muy fuertes. El primero es la conversión: la Iglesia debe reconocer sus propios errores y debe recorrer un camino radical de cambio, comenzando por el Papa y los Obispos. Los escándalos de la pedofilia nos animan a tomar un camino de conversión. La pregunta sobre la sexualidad y sobre todo lo relativo al cuerpo es un ejemplo. Estos temas son importantes para todo el mundo y, a veces, demasiado importantes. Debemos preguntarnos si la gente sigue escuchando los consejos de la Iglesia en materia de sexualidad. ¿La Iglesia es en este punto una autoridad de referencia o es solo una caricatura de los medios de comunicación? El segundo, la palabra de Dios. El Concilio Vaticano II restituyó la Biblia a los católicos. Solo quien percibe en su corazón esta Palabra puede ser parte de quienes ayudarán a la renovación de la Iglesia y responderán a las demandas personales con elecciones correctas. La Palabra de Dios es simple y busca como compañera un corazón que escuche (…). Ni el Clero ni el Derecho Eclesiástico pueden sustituir a la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, las leyes, los dogmas nos fueron dados para aclarar la voz interna y para el discernimiento del espíritu. ¿Para qué son los sacramentos? Esta es la tercera herramienta de curación. Los Sacramentos no son un instrumento de disciplina, sí una ayuda para los hombres en los momentos del camino y en las debilidades de la vida. ¿Llevamos los Sacramentos a los hombres que necesitan una fuerza nueva? Pienso en todos los divorciados, en las parejas que volvieron a casarse y en las familias extendidas. Ellos necesitan una protección especial. La Iglesia sostiene la indivisibilidad del matrimonio. Es una gracia cuando un matrimonio y una familia nacen (…). La actitud que tenemos sobre las familias extendidas determinará el acercamiento a la Iglesia a la generación de sus hijos. Por ejemplo, una mujer que fue abandonada por su marido y encuentra otro compañero que se ocupa de ella y de sus tres hijos. El segundo amor aparece. Si esta familia es discriminada, viene dejada de lado no solo la madre, sino también sus hijos. Si los padres se sienten exteriores a la Iglesia y no sienten su respaldo, la Iglesia perderá la generación futura. Antes de la Comunión no rezamos: “Señor, no soy digno…”. Nosotros sabemos que no somos dignos (…). El amor es una gracia. El amor es un don. La pregunta sobre si los divorciados puedan tomar la Comunión debería ser al revés.  ¿Cómo puede la Iglesia llegar en ayuda con la fuerza de los Sacramentos a quien tiene situaciones familiares complejas?

 

¿Usted que hace personalmente al respecto?

La Iglesia se ha quedado atrás 200 años. ¿Por qué no temblar? ¿Tenemos miedo? ¿Miedo en vez de coraje? Sin embargo la Fe es el fundamento de la Iglesia. La Fe, la Confianza, la Valentía. Yo estoy viejo y enfermo y dependo de la ayuda de los otros. Las personas buenas cerca de mí me hacen sentir el amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que cada tanto percibo contra la Iglesia en Europa. Sólo el amor vencerá al cansancio. Dios es Amor. Tengo una pregunta para vos: ¿qué cosa podés hacer vos por la Iglesia?

 

Georg Sporschill SJ, Federica Radice Fossati, Confalonieri, 1 settembre 2012 (modifica il 2 settembre 2012) © traducida por el becario  Nicolás Damin del Programa Sociedad, Cultura y Religión del CEIL/CONUICET