La segunda edición de la Feria fue organizada por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación y se desarrolló del 31 de agosto al 1° de septiembre.

Se realizó en Resistencia, provincia del Chaco, la Segunda Feria Nacional de Semillas Criollas y Nativas. Con la consigna “La semilla en la tierra es vida y en las manos de las familias que la siembran, libertad”, se llevó a cabo este importante evento donde participaron 3.300 agricultores del país y de países vecinos como Paraguay, Uruguay y Brasil.

La nacionalización de la Feria había sido impulsada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien participó a través de videoconferencia y así dejó inaugurada la muestra. Además, estuvieron presentes el gobernador del Chaco, Jorge Capitanich, y en representación del Gobierno Nacional, participó el subsecretario de Agricultura Familiar dela Nación, Guillermo Martini y Alberto Gandulfo del Ministerio de Desarrollo Social.

Fueron dos jornadas importantísimas para la actividad de las familias campesinas e indígenas que desde hace años trabajan en una “agricultura a favor de la vida”. Se exhibieron e intercambiaron semillas sin intervención genética, productos de cada región, saberes, experiencias y, además, pudieron discutir temas referidos a la Tierra, la Soberanía alimentaria, la Biodiversidad, los Modelos Productivos, la Ley de semillas y el uso de Agrotóxicos.

Según rescata Jorge Solari del Instituto de Cultura Popular (Incupo), la convocatoria fue un éxito: “La evaluación que hacemos es altamente positiva. El solo hecho de reunir a más de 3 mil productores fue muy bueno. Cada uno vino con la idea de compartir la semilla, pero también de compartir su experiencia en torno a la defensa de la tierra y del ambiente. 3 mil productores representados en 20 organizaciones campesinas, en este contexto, es muy positivo”.

Por su parte, Fabián Roja del Colectivo Ciudadanía Chaco, valoró la relevancia del acontecimiento: “Creo que es un espacio que tiene mucho potencial porque pone en valor, en cuerpo, a los pequeños productores y lo que ellos producen”. Sin embargo, notó que la participación de la gente que vive en la zona urbana, fue escasa: “Los que vivimos en los sectores urbanos tenemos disociada esta cuestión del consumo, no nos preguntamos qué comemos, ni de dónde viene. Y la Feria de Semillas ofrece ese potencial: poder entrar en contacto con la gente que produce lo que uno come. Si se potenciara ese contacto del que produce con el que consume, entenderíamos un montón de cosas y podríamos apoyar, por ejemplo, cuando hay pueblos fumigados y poder entender lo que les pasa. Este espacio tiene que ser el puente entre la ciudad y el campo”.

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Un encuentro para crear lazos

Durante las dos jornadas, los participantes aprovecharon los espacios de talleres para debatir los principales problemas que les preocupan. Uno de ellos es una posible reforma de la Leyde semillas. Al respecto, el representante de Incupo, comentó: “Lo que salió en el taller de Ley de semillas es que, de realizarse una reforma, hay que proponer que desde el Estado se haga una defensa absoluta  a la posibilidad de multiplicación de la semilla, de conservación.La Subsecretaría de Agricultura Familiar mencionó que el Inase (Instituto Nacional de Semilla) está haciendo un registro de semillas nativas con el objetivo de conformar un Semillero nacional. Esta noticia nos pareció importante. Hay comentarios de que la reforma viene impulsada por los grupos que son los grandes fabricantes de semillas que lo que quieren imponer son reglamentaciones que existen en otros países sobre el tema de las patentes o derechos de obtentor. Es decir, que toda persona que almacene la semilla de una campaña a otra, cuando la va a usar nuevamente, tiene que avisar a la compañía que la vendió y volver a pagar. En este sentido, desde la feria se sale con un aval interesante del Inase y del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria)”.

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Además, se propició un espacio fuera del programa de la Feria para que los productores comiencen a crear redes que les permitan unificar reclamos e incentivar la comercialización.

“Hubo un taller donde participaron, exclusivamente, las organizaciones campesinas como el Foro dela Agricultura Familiar, el Movimiento Campesino Indígena,la Asamblea Campesina Indígena del Norte Argentino, el Frente Nacional Campesino Indígena y de varios grupos más que están convencidos a unificar más los reclamos. La idea es apuntar a formar una especie de Mesa Nacional de Organizaciones campesinas.  Otro de los temas que los motiva es el de la comercialización, es decir ir avanzando en el intercambio de productos regionales”, explicó Solari.

Por su parte, Fabián Roja rescató la importancia de afianzar los lazos no solamente entre las organizaciones, sino entre los productores y el Estado: “El Estado tendría que seguir apostando porque este es el punto de partida nada más. Hay que ir por más. El cambio de actitud también lo tienen que tener las organizaciones que vienen participando de estos espacios. Empezar a tener una mirada más política de la cuestión donde el Estado pase a cumplir otro rol, no el del enemigo. Verlo como un aliado y como un garante a la hora de poner recursos y de pensar leyes”.

El compromiso de las organizaciones de seguir trabajando conjuntamente, la convocatoria y relevancia de esta segunda edición de la Feria, impulsaron las ganas de planificar la próxima edición que podría realizarse en la provincia de Catamarca.


Testimonio de Fabián Roja, del Colectivo Ciudadanía Chaco

Era la primera vez que participaba de la Feria. Lo que me llamó la atención fue lo lindo que estaba montado todo, el clima que había, las conversaciones entre la gente que estaba. Además, lo que me gustó es que la Feria propone poner en primera persona a los actores de la agricultura familiar. Los rostros de la gente que todos los días labura la tierra, desde su lugar, eran muy diversos porque había gente de todo el país. Lo otro es que había una equidad de género, ya que participaban tanto hombres como mujeres en la misma cantidad. Me dio la sensación de que era gente que se conocía entre sí, gente del ambiente de la producción, que trabajaba en las ONG’s, y me daba la impresión de que faltaba otra gente. Era la sensación de que estando tan cerca de la ciudad (de una ciudad grande como Resistencia) había muy poca gente de la ciudad ocupando ese espacio. Particularmente, llamé a mucha gente para que fuera y lo que me respondían es que no sabían o que la denominación del espacio no los hacía sentir parte, pensaban que era un espacio para productores. Creo que es un espacio que tiene mucho potencial porque pone en valor, en cuerpo, la cara de los pequeños productores y lo que ellos producen. Y la forma en que se llama el espacio los termina invisibilizando porque no atrae a los otros que no son parte de esa vida. Fue como una picardía por la puesta que había ahí. Se notaba que estaba la mano del Estado por los recursos que había. Por eso no estuvo a escala la participación de la gente de los sectores urbanos. Los que vivimos en los sectores urbanos tenemos disociada esta cuestión del consumo, no nos preguntamos qué comemos, ni de dónde viene. Y la Feria de Semillas ofrece ese potencial: poder entrar en contacto con la gente que produce lo que uno come. Si se potenciara ese contacto del que produce con el que consume, entenderíamos un montón de cosas y podríamos apoyar, por ejemplo, cuando hay pueblos fumigados poder entender lo que les pasa. Además de entender la cuestión de la tierra, lo que cuesta producir y agregarle valor  a lo que produce cada uno de los pequeños productores. Este espacio tiene que ser el espacio puente entre la ciudad y el campo. Eso se tendría que promover, porque sino termina siendo un espacio de intercambio entre los productores y se crea un círculo cerrado de gente que cree y apuesta a lo mismo. Está bueno como retroalimentación y espacio de encuentro pero no sé si engancha más gente y si amplía la mirada para pensar lo productivo, el desarrollo, el modelo de país. Este espacio tiene que ser el espacio del obrero, de la ama de casa, de sectores medios que solamente nos dedicamos a consumir y no nos hacemos muchas preguntas de lo que consumimos. En general, el consumo se transforma en un consumo de clase media burguesa porque toman como forma de identificación el consumo de cosas orgánicas, o sino en el otro extremo que es que no te preguntás absolutamente nada. Por eso, este tipo de lugares puede ser un espacio de encuentro. Sirve también para pensar los actores de lo rural que no son solamente los de la Sociedad Rural, son otros actores y que forman parte de esta construcción de la Patria. Por eso, valoro el hecho de que el lugar estaba lindo porque está muy asociada la visión de que en estos sectores todo está como empobrecido. Muchas veces, se tiene esta lógica de que algo organizado por los sectores populares es algo estéticamente más feo. Y esto estaba bueno.

Es un espacio que tiene mucho potencial y se tienen que tomar espacios más urbanos para hacerlo. Y que permita la entrada de otros actores. Estaría buenísimo que participen los pibes para que tomen contacto con esta otra realidad que se ve como lejos. Tiene potencial en poder generar conciencia, participación colectiva de los diversos actores respecto a la cuestión del modelo productivo que es necesario para un país, respecto a la discusión por la tierra y a la cuestión medioambiental.

Hoy se hace un aporte grande a este sector cuando antes el Estado había tomado la opción de no estar cerca, de desaparecer. Esto permite que se piense a ese sector desde otro lugar, sobre todo teniendo en cuenta que somos un país agroexportador, que es una de las fuentes que tiene el Estado para generar divisas y que este sector es el más postergado por el tamaño de sus tierras y porque lo que producen no genera las divisas que generan los otros. Que el Estado se haga cargo de eso significa un cambio de actitud interesante. El Estado tendría que seguir apostando porque este es el punto de partida nada más. Hay que ir por más. El cambio de actitud también lo tienen que tener las organizaciones que vienen participando de estos espacios. Empezar a tener una mirada más política de la cuestión donde el Estado pase a cumplir otro rol, no el del enemigo. Verlo como un aliado y como un garante a la hora de poner recursos y de pensar leyes como la de Tierras.